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SLP/ SAN JUAN DE LOS LAGOS.- No es cualquier caminata. Son días enteros de peregrinar, de salir desde comunidades y colonias de San Luis Potosí, dejando trabajo, familia, rutina y comodidades.
Algunos tardan tres, cuatro, hasta más de una semana en llegar. Duermen poco, comen lo que hay, aguantan sol, frío, lluvia y dolor. Pero siguen. Porque cuando la fe jala, el cuerpo obedece.
En el camino no solo se avanza… también se descansa, se llora, se agradece y se encuentra gente. Hay quienes arrastran sillas por promesa, otros apenas levantan los pies, otros caminan en silencio cargando sueños, enfermedades, nombres y peticiones que solo la Virgen conoce. Cada paso es cansancio, pero también es oración.
Shula Mata es uno de esos rostros que ya son parte del camino. Más de 30 años peregrinando, con la misma emoción intacta.






“Gracias a mi padre, que me enseñó a caminar a los pies de la Virgen”, dice. Y no habla solo de andar… habla de fe heredada, de constancia, de amor que no se quiebra.
Y si la fe camina, la solidaridad corre. Como la familia Chungos, del Mercado República, que no solo puso mesa, sino corazón: comida, pan, agua, sueros… y sí, hasta una cervecita bien fría para hidratar el cuerpo cansado.
Porque ayudar también es fe.
“En la vida siempre hay que ser agradecidos. Que Dios y la Chaparrita les multipliquen con salud y trabajo”, se escucha entre los peregrinos que reciben lo donado: cervezas, Gatorade, pan, choriquesos, frituras, refrescos, dulces… y algo más importante: apapacho al alma.
Así caminan los potosinos. No se rinden. No se quejan. No regresan.
Siguen hasta ver el altar, hasta pagar o pedir el milagro que traen guardado en el pecho. Porque aquí la fe no se publica, se camina.
Honor a quien honra el camino.
















