Cesar Cedillo
La Feria Nacional de la Huasteca Potosina ha dejado de ser un festejo regional para convertirse en un fenómeno social, económico y político de gran calado. Más de 400 mil asistentes, del 27 de marzo al 5 de abril, evidencian una capacidad de convocatoria que pocas ferias en México pueden presumir hoy. Ciudad Valles se posiciona como epicentro de una dinámica que combina identidad, turismo y consumo masivo con notable eficacia.
El impacto económico, estimado en 500 millones de pesos, confirma que la feria trasciende el entretenimiento. Hoteles llenos, restaurantes desbordados, comercio activo y servicios en plena operación delinean una cadena de valor que fortalece a toda la Huasteca. La coincidencia con la Semana Santa operó como catalizador estratégico, potenciando la llegada de visitantes y obligando a los prestadores de servicios a elevar estándares. Hubo planeación y lectura correcta del calendario turístico.
En este escenario, el papel del alcalde David Medina adquiere relevancia. Su gestión logra consolidar un modelo organizativo que privilegia logística, seguridad y acceso popular. Las críticas, provenientes incluso de actores políticos con aspiraciones evidentes, pierden fuerza frente a resultados tangibles. La feria funcionó, y lo hizo con orden.
Resulta igualmente innegable el impulso del gobernador Ricardo Gallardo Cardona, cuya política de eventos masivos gratuitos imprime un sello distintivo: espectáculos de calidad sin costo para el público. Esa fórmula, respaldada por operación gubernamental, refuerza la percepción de cercanía con la gente.
El reto hacia 2027 es claro: superar lo alcanzado sin caer en inercias. La FENAHUAP ha probado que puede crecer, innovar y sostenerse como la feria más importante de las Huastecas. Mantener ese liderazgo exigirá disciplina, creatividad y una premisa simple: el desarrollo también se construye desde la celebración colectiva.
















