Tras Bambalinas
Por Juan de la Plaza
Hay eventos que marcan una época y otros que redefinen por completo la percepción de un estado. La Feria Nacional Potosina ya entró en esa segunda categoría. Lo que antes era una feria desgastada, atrapada en inercias de corrupción, abandono y abuso contra las familias, hoy se convirtió en uno de los escaparates más poderosos de San Luis Potosí ante México y el mundo.
La presentación del cartel artístico de la FENAPO 2026 no solo confirmó la ambición del gobierno estatal por superar lo logrado en años anteriores; también dejó claro que la estrategia de posicionar a San Luis Potosí como un referente nacional de entretenimiento, turismo y desarrollo económico sigue avanzando a toda velocidad.
Mötley Crüe, Lila Downs, Xavi, Ramón Ayala, Kenia OS, Gloria Trevi, Sin Bandera, Los Acosta, El Bogueto y el ya tradicional Potosinazo, forman parte de una programación que, sin exagerar, difícilmente tiene competencia en el país cuando se analiza la relación entre calidad, acceso y gratuidad. Y todavía falta una estrella internacional por anunciar, lo que ha disparado la expectativa social y mediática.
La apuesta es evidente: romper otra vez todos los récords.
Y lo más interesante es que ya nadie discute si la FENAPO es o no la mejor feria de México. La discusión ahora gira en torno a cuánto tiempo más podrá mantener esa hegemonía y qué tan lejos puede llegar este fenómeno popular que hace apenas unos años estaba sumido en una crisis terminal.
Porque conviene recordar cómo estaba la feria antes del actual sexenio. Instalaciones deterioradas, artistas de bajo perfil, cobros excesivos, corrupción enquistada y una percepción de decadencia que alejaba a miles de familias. La FENAPO había dejado de ser orgullo potosino para convertirse en negocio privado de unos cuantos funcionarios y grupos privilegiados que exprimían el evento mientras la infraestructura se caía a pedazos.
La gente dejó de ir porque ya no se sentía parte de la fiesta.
Ahí estuvo el verdadero golpe de timón del gobernador Ricardo Gallardo Cardona: entender que la feria debía regresar a las familias y convertirse en una plataforma masiva de identidad popular. Por eso eliminó el cobro de entrada, el estacionamiento y los juegos mecánicos, algo que parecía impensable en gobiernos anteriores donde todo se convertía en caja recaudadora.
El cambio no fue cosmético. La inversión pública transformó las instalaciones, elevó el nivel de los espectáculos y convirtió al Foro de las Estrellas en un escenario capaz de competir con cualquier recinto nacional. La presencia de artistas internacionales como Marilyn Manson, Black Eyed Peas o Los Fabulosos Cadillacs en años recientes terminó por romper la vieja narrativa de que San Luis Potosí estaba condenado al rezago cultural y turístico.
Hoy la FENAPO trasciende fronteras, genera conversación nacional y proyecta una imagen distinta del estado: un San Luis Potosí dinámico, moderno, seguro para el turismo y con capacidad de atraer grandes espectáculos, inversión y consumo.
La derrama económica ya es monumental y alcanza a hoteleros, restauranteros, comerciantes, transportistas y prestadores de servicios. Miles de familias viven directa o indirectamente del movimiento que genera la feria durante semanas.
Por eso la FENAPO dejó de ser solamente una feria. Se convirtió en un símbolo político del cambio de régimen en San Luis Potosí.
Y quizá ahí radica lo que más incomoda a los adversarios del actual gobierno: que mientras durante años administraron la mediocridad y el abandono, hoy existe un proyecto que entendió que la grandeza también se construye desde la cultura popular, el entretenimiento y el orgullo colectivo.
La feria que antes era sinónimo de decadencia, ahora es carta de presentación internacional. Y eso, guste o no, ya nadie lo puede ocultar.















