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Staff / El Mañana
La máxima fiesta de los potosinos rompió las barreras de la capital y se aventuró a conquistar Coxcatlán, dejando a toda la raza con la boca abierta tras tres días de pura adrenalina, música y desmadre controlado.
La Feria Nacional Potosina (FENAPO) 2026 ya no se queda quieta en un solo lugar; ahora decidió salir a dar la vuelta y aterrizó directamente en el corazón de Coxcatlán, logrando que los habitantes sacaran sus mejores pasos y se olvidaran de las preocupaciones. Fue un fin de semana épico que, bajo la idea de llevar la fiesta a todos los rincones, puso a bailar hasta al más tieso con una producción que, para ser sinceros, estuvo de lujo.
Durante el 8, 9 y 10 de agosto, el municipio se convirtió en una extensión de la feria grande. Juegos mecánicos que sacaban gritos hasta el cielo, música regional que retumbaba en las bocinas y un ambiente familiar que, aunque muchos dudaban, terminó siendo la sensación del momento. Fue, sin duda, una probadita de la FENAPO que puso a toda la banda en modo “fiesta total” sin tener que recorrer largas distancias.
El plato fuerte del fin de semana fue el concurso de huapango del domingo, un evento que se puso más que emocionante. La raza no solo fue a ver, sino que se lanzó a tirar la polvareda con todo el estilo, demostrando que en el municipio también saben cómo armar un agarrón de calidad. Entre taconeos y vueltas, el evento se consolidó como el favorito de chicos, grandes y hasta los que solo fueron a ver qué pasaba.

Entre fiestas patronales, veraniegas y decembrinas, Coxcatlán ya le agarró el modo a esto de las celebraciones masivas, y la neta es que, cuando se trata de echar la casa por la ventana, los potosinos no se miden.
Y como no todo es fiesta, también hubo su buena derrama económica. Los comerciantes locales se frotaron las manos porque el gentío que llegó a ver el show terminó dejando un buen billete en los puestos de comida y artesanías. Al final, no solo se trató de divertirse, sino de mover la economía y que a todos les tocara su pedacito de pastel en este fin de semana de locura.
Más allá de la música y los juegos, lo que realmente se logró fue la unidad del pueblo. Esa vibra de “todos somos uno” fue la que realmente hizo que la gente terminara el domingo con una sonrisa de oreja a oreja. Fue un fin de semana de esos que, aunque pasen los años, se van a seguir contando en las sobremesas mientras se recuerda cómo la FENAPO se vivió como nunca en el municipio.














