Fiesta llena en Soledad y tinacos vacíos en la capital

Navarro por los cielos, Galindo por los suelos

Hay fiestas que se presumen… y hay otras que se convierten en mensaje político. La Feria Nacional de la Enchilada en Soledad no solo llenó plazas, calles y estómagos: reventó cualquier cálculo conservador con más de 500 mil visitantes en apenas nueve días. No es poca cosa. Es, para decirlo sin rodeos, una declaración de poder territorial y de capacidad operativa.

Mientras algunos gobiernos apenas logran convocar a sus propios vecinos, Soledad jaló gente de Nuevo León, Coahuila, Guanajuato, Aguascalientes, Zacatecas, Hidalgo y el Estado de México, sin olvidar la constante migración festiva de la Huasteca Potosina. Y como si fuera poco, hubo acentos de Francia, Japón, Alemania, Estados Unidos y Canadá degustando enchiladas como si fueran patrimonio universal. Algo está pasando… y no es casualidad.

El alcalde Juan Manuel Navarro Muñiz entendió algo básico que otros siguen sin procesar: las ferias ya no son solo entretenimiento, son plataformas de posicionamiento.

Soledad no pide permiso para figurar en el mapa nacional; se mete por volumen, por narrativa y por resultados. Y hay otro dato que, en estos tiempos, pesa oro: saldo blanco. Sin escándalos, sin crisis, sin nota roja que eclipse la fiesta. Orden, seguridad y control. Así sí.

Pero mientras en Soledad se sirve la mesa, en la capital potosina ni agua hay para lavar los platos. La crisis hídrica en la zona metropolitana ya dejó de ser advertencia para convertirse en factura política. Y esa factura tiene nombre: Enrique Galindo Ceballos. El Interapas, ese ente que preside, es hoy sinónimo de hartazgo social. Colonias enteras sobreviven sin una gota, mientras los discursos siguen fluyendo… pero solo en ruedas de prensa.

Aquí no hay margen para patear el bote. La gente sabe perfectamente quién es responsable del servicio en San Luis, Soledad y Cerro de San Pedro. Y también sabe quién no ha dado resultados. La indignación contra Enrique Galindo ya no es silenciosa, es acumulativa.

En política, los contrastes matan. Y hoy el contraste es brutal: una feria que desborda éxito, organización y presencia… contra un sistema de agua que hace agua por todos lados. Uno suma aplausos; el otro, reclamos. Y en esa balanza, tarde o temprano, alguien pagará la cuenta.

Saeta 1.- En el Día de la Enchilada hubo de todo: sabor, tradición… y el nuevo deporte olímpico de la función pública: “sentarse y que les sirvan”. Ahí tiene usted a Bertha Guerrero, Patricia Cuevas e Idalia Gallegos, muy aplicadas… pero al plato, no al trabajo. Una cosa es Juan Domínguez y otra —no me chifles— es convertir el servicio público en mesa reservada con pase VIP. Mientras otros organizan, atienden y resuelven, ellas dominan el arte de “yo aquí nomás vengo a degustar”.

Luego se preguntan por qué la gente ya no cree: si en cada feria, concierto o festival salen más puntuales para el banquete que para el deber. Menos cucharita y más chamba, que el cargo no es degustación… es responsabilidad.

Saeta 2.- Que Marco Gama Basarte ya convirtió El Traguito en base de operación del partido naranja. En lugar de jugos puros cocktails bien cargados acompañado de su fiel escudero Marco “Sancho Panza” Zavala Galeana. Hasta se le vio con el panista Miguel Maza.

Saeta 3.- Que el sistema DIF de la capital a cargo de la señora Estela Arriaga anda extorsionando empresas para que “voluntariamente” aporten regalos y dulces para niños denunció Ciudadanos Observando. Lo grave es que también meten facturas sobre la compra de regalos y dulces para niños.

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