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TRAS BAMBALINAS
Por Juan De la Plaza
El alcalde capitalino Enrique Galindo llega a su informe con un pequeño inconveniente que ni la producción escénica, ni las pantallas gigantes ni la colección de reconocimientos pueden tapar: después de cinco años consecutivos gobernando la capital, existen dos ciudades.
Una es la que aparece en la propaganda municipal, donde todo parece caminar rumbo a la “grandeza”; la otra comienza con baches, socavones, desabasto de agua, inseguridad y servicios públicos en picada.
Sin obras de relevancia y sí muchos pretextos para justificar su falta de resultados, Galindo lo atribuye a trámites detenidos por la Contraloría General del Estado, pero lo cierto es que ya se le liberaron las obras y lo que le falta ahora es tiempo y disposición, la falta de planeación es uno de sus principales problemas.
Las calles con baches se han convertido en la mejor sintesis de la gestión galindista y culpar a otros ya resultó el colmo, una burla, una vergüenza que no ven los asesores, los aduladores que lo rodean.
A este paso, al bache ya solamente le falta credencial de elector y filiación partidista para convertirse oficialmente en adversario político.
El agua tampoco parece haberse enterado de la “grandeza”. Este septiembre, el ducto de El Realito llegó a su décima interrupción de 2026 y decenas de colonias siguen dependiendo de pozos, interconexiones y pipas cuando el sistema vuelve a fallar.
Después de cinco años, el gobierno municipal puede ofrecer largas explicaciones sobre las razones del desabasto; lo que todavía resulta bastante más complicado es conseguir algo mucho más elemental: que el ciudadano abra la llave y salga agua. Para una capital que presume competitividad, depender periódicamente de una pipa tiene poco de metropolitano y bastante de emergencia permanente.
En seguridad tampoco basta con acomodar porcentajes a su contentillo. Y vaya que hay episodios incómodos que ponen entredicho su eficacia, ya que presume que es policía de carrera: patrulleros captados conversando con presuntos narcomenudistas en la colonia Santa Fe y la vinculación a proceso de dos policías y un cadete por un robo infraganti en una vivienda de Morales.
Galindo se queja con amargura de que es atacado, que lo critican, pero existe un remedio mucho más eficaz: dar resultados verificables, documentos, cifras, obras terminadas, agua en las viviendas y calles transitables.
Después de cinco años, los pretextos comienzan a tener más kilómetros recorridos que algunas obras. El informe podrá tener escenario, invitados, cifras, aplausos y la inevitable palabra “grandeza”; pero fuera del recinto permanecerá la prueba más incómoda para cualquier gobierno: la ciudad cotidiana.
Ahí no existen discursos de veinte minutos ni campañas negras a las cuales responsabilizar. Existen calles, agua, seguridad, servicios y obras pendientes. Y sobre esos hechos cada ciudadano podrá formarse su propia conclusión acerca del gobierno que ha tenido durante estos cinco años.
Ciertamente Galindo no es nuevo en la función pública, ha sido abogado del ISSSTE, director de la policía capitalina, jefe de la ministerial y comisario de la policía federal, de todos esos cargos salió mal; pero como alcalde deja mucho que desear, cree que la ciudadanía no se da cuenta que su gestión es más propaganda que resultados efectivos.















