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Desde la banqueta
Ericka Segura.
En el Ayuntamiento de San Luis Potosí parece haberse descubierto una nueva disciplina financiera, juntar millones mientras la ciudad colecciona pendientes. Enrique Galindo Ceballos gobierna una capital donde las cifras engordan más rápido que las soluciones.
La regidora Margarita Hernández asegura que la recaudación ya ronda los 4 mil 200 millones de pesos, superando una meta de 3 mil 800 millones. A la calculadora municipal todavía pueden agregarse 624 millones obtenidos mediante la subasta de ocho predios, 200 millones del crédito solicitado y 855 millones del Ramo 33. La suma de estas distintas fuentes alcanza 5 mil 879 millones.
Una montaña de números frente a una ciudad donde el ciudadano no camina entre millones, camina entre baches, reclama alumbrado, exige seguridad, batalla con el agua y, cuando llueve, descubre que algunas calles adquieren vocación de alberca.
Y aquí aparece la parte incómoda.
El paquete reportado de 66 obras representa 360 millones de pesos. Incluye 25 pavimentaciones, rehabilitación de líneas de agua y proyectos de conectividad. Comparados únicamente como referencia con los 5 mil 879 millones contabilizados en distintas fuentes, esos 360 millones equivalen a poco más del 6 por ciento. Claro, no toda esa bolsa puede gastarse libremente en concreto, drenajes o pavimento. Hay recursos etiquetados y obligaciones presupuestales. Pero precisamente por eso Galindo tendría que explicar con claridad dónde está cada peso y cuál es el beneficio tangible para la capital.
Porque recaudar no es gobernar.
Tampoco vender patrimonio municipal, pedir prestado y presumir números convierte automáticamente una administración en eficiente. El verdadero examen comienza cuando el dinero abandona la hoja de Excel y llega a una colonia.
Mientras tanto, la ciudad observa proyectos pendientes, necesidades hidráulicas y servicios que siguen reclamando atención. El Ayuntamiento puede presumir una cartera abultada, pero las fotografías de la ciudad no se retocan con estados financieros.
Porque por ahora, en la capital potosina, los millones parecen viajar en primera clase y las soluciones siguen esperando el camión.













