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El deterioro de San Luis Potosí ya no puede atribuirse únicamente al paso del tiempo o a las lluvias. Hoy, la falta de mantenimiento exhibe una administración que anuncia rescates urbanos, pero parece incapaz de conservarlos. Lo que alguna vez se presentó como una estrategia para recuperar la imagen de la ciudad terminó convertido en intervenciones temporales que desaparecen tan rápido como los discursos oficiales.

El caso más evidente es el conjunto escultórico La Trinchera, también conocido como Monumento a la Revolución. Apenas dos años después de que el Ayuntamiento difundiera su rehabilitación mediante el programa Día de Talacha, el sitio volvió a quedar oculto entre maleza, basura y vandalismo. La cantera está destruida, el sistema hidráulico fue saqueado y la placa de bronce desapareció sin que nadie respondiera por su reposición.
La historia se repite con otros espacios históricos. El monumento a Francisco González Bocanegra y Jaime Nunó también permanece en el abandono, mientras las llamadas calles amables del Centro Histórico lucen adoquines destrozados, baches, hundimientos y registros abiertos que representan un riesgo para peatones y automovilistas. Ni siquiera la denominada Zona Esmeralda escapa al deterioro que hoy caracteriza a la capital.
“¿de qué sirven los recursos destinados a rehabilitar espacios públicos si meses después vuelven a quedar en peores condiciones?” cuestiona un ciudadano
Más que una política permanente de conservación, los rescates impulsados por el gobierno de Enrique Galindo parecen responder a la lógica de la fotografía y la promoción institucional. Mientras el patrimonio histórico se desmorona y las vialidades siguen deteriorándose, la ciudad ofrece una imagen que contradice el discurso oficial de una capital moderna y ordenada.














