Galindo vende espejos mientras el Centro Histórico se derrumba

TRAS BAMBALINAS

Por Juan de la Plaza

El alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos volvió a presentar uno de esos anuncios espectaculares que lucen bien para la fotografía, pero que al ras de suelo exhiben improvisación, opacidad y desesperación política. Ahora tocó turno al supuesto “rescate” del Centro Histórico, una promesa reciclada que llega tarde, incompleta y sin el mínimo sustento técnico que una crisis de esta magnitud exige.

Sin diagnóstico público, sin consulta ciudadana, sin mesas de trabajo con urbanistas, arquitectos, historiadores, especialistas en movilidad o comerciantes afectados, Galindo decidió anunciar un programa de 30 millones de pesos cuyo origen ni siquiera aclaró. El mensaje fue lanzado ante un pequeño grupo de empresarios cercanos al poder municipal, varios de ellos vinculados a operaciones polémicas como el remate de terrenos municipales, entre ellos el caso del bosque urbano de Puente Piedra. Más que un acto de planeación urbana, pareció una reunión de control de daños políticos.

Porque la realidad es inocultable: el Centro Histórico vive uno de sus momentos más degradados de las últimas décadas. El ambulantaje se salió completamente de control; las calles lucen deterioradas; abundan los baches, la basura y la falta de alumbrado; la señalética es insuficiente; las fincas históricas se caen a pedazos mientras crecen la inseguridad, los franeleros y las personas en situación de calle abandonadas a su suerte. El corazón de la capital potosina dejó de ser escaparate turístico para convertirse en evidencia cotidiana del fracaso municipal.

Y mientras esto ocurre, el silencio de las cámaras empresariales resulta igual de escandaloso. Hace algunos años había posicionamientos firmes, mantas de protesta en los pasajes Hidalgo y Zaragoza y exigencias públicas hacia la autoridad. Hoy domina la complacencia. Apenas dos o tres comerciantes se atreven a cuestionar el desastre. El resto parece cómodo administrando privilegios o esperando contratos. Nunca el deterioro había encontrado tan poca resistencia.

La comparación con ciudades como Querétaro, Morelia o Zacatecas resulta demoledora. Mientras esos centros históricos fortalecieron su vocación turística y cultural, el de San Luis Potosí se convirtió en una postal de abandono. Cada visitante que llega encuentra caos vial, comercio desordenado, banquetas invadidas y espacios públicos deteriorados. Muchos simplemente deciden no volver.

La improvisación del evento confirmó además que el proyecto está verde. La presentación ni siquiera se realizó en Palacio Municipal, sino en el Edificio Central, como si hubiera prisa por sacar un anuncio antes de que terminara de cocinarse. Se incorporó al Cabildo Infantil para adornar el acto, cuando lo urgente era escuchar a expertos capaces de ofrecer soluciones reales. El colmo fue la ausencia del IMPLAN. De poco sirve presumir un instituto de planeación si su titular ni siquiera aparece en el evento más importante relacionado con desarrollo urbano.

Todo apunta a que los tiempos electorales ya le pisan los talones a Galindo. La ansiedad por mantenerse vigente lo está llevando a presentar borradores como si fueran proyectos ejecutivos. Mucho anuncio, mucho render, mucha narrativa de “rescate”, pero pocos resultados tangibles. El llamado “Paseo Esmeralda” terminó convertido en otro monumento a la ocurrencia gubernamental: millonario, confuso y prácticamente desaparecido del discurso oficial porque jamás resolvió el problema de fondo.

El Centro Histórico no necesita slogans ni campañas de imagen. Necesita autoridad, planeación, orden y una estrategia integral donde participen los tres niveles de gobierno. Porque mientras el alcalde vende discursos de rescate, el primer cuadro de la ciudad sigue hundiéndose entre ambulantes, abandono y simulación.

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