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STAFF EL MAÑANA
Entre aromas a café recién cosechado, el verdor de la sierra y el bullicio de los mercados locales, la región Huasteca vive una realidad distinta a la de hace unos años.
Detrás de cada pequeño local que reabre sus cortinas o de cada mesa campesina que hoy tiene la seguridad de un plato caliente, hay una historia de supervivencia comunitaria respaldada por un giro en la política estatal.
Desde el inicio de la administración del gobernador Ricardo Gallardo Cardona, la estrategia para esta zona indígena y rural ha dejadotrás las oficinas burocráticas para meterse hasta la cocina y el mostrador de miles de familias.
Del susto a la mesa: El alivio frente a la adversidad
Para doña María, habitante de una comunidad cercana a Aquismón, los tiempos de crecientes de ríos y contingencias climáticas solían significar incertidumbre total y despensas vacías. Sin embargo, la dinámica cambió con la presencia constante de operativos de asistencia alimentaria.
El programa de Seguridad Alimentaria impulsado por el Gobierno del Estado ha tejido una red de auxilio que no distingue veredas lejanas. Ya sea en Tamuín, Huehuetlán o en las entrañas de la Huasteca Potosina, la llegada de despensas directas se ha convertido en un alivio cotidiano y un recurso de emergencia inmediato cuando la naturaleza golpea a las comunidades más vulnerables.
Más allá de una cifra fría, para la gente representa la tranquilidad de abrir la puerta y encontrar respaldo institucional sin tener que viajar horas hasta la cabecera municipal.
El mostrador propio: Cuando el crédito deja de ser un milagro
Pero la apuesta en la Huasteca no se limita a la despensa; el verdadero giro anímico se percibe en las calles comerciales de Ciudad Valles y Tamazunchale, donde la palabra “emprender” dejó de ser privilegio de unos cuantos.
A través del Sistema de Financiamiento para el Desarrollo del Estado (Sifide), la administración de Ricardo Gallardo ha logrado inyectar dinamismo a pulso de chequera: más de 6,500 financiamientos directos han cruzado los ríos huastecos para aterrizar en manos de tenderas, artesanos, pequeños productores y dueños de fondas.
Con una derrama histórica que supera los 184 millones de pesos en la región, historias de pequeños negocios familiares que estaban al borde del cierre por falta de liquidez se han transformado en casos de éxito.
“Antes pedir un préstamo era tocar puertas cerradas o caer con agiotistas; hoy el apoyo llega al changarro”, comenta don Jacinto, productor local beneficiado por los esquemas de financiamiento al campo y micronegocios.
Un nuevo latido económico
Entre caminos rehabilitados con maquinaria pesada que facilitan la salida de cítricos y caña, y una red de asistencia social que amortigua los golpes de la marginación, la Huasteca potosina experimenta una transformación singular.
El sello de la gestión de Ricardo Gallardo en esta esquina verdiazul del estado se lee en los pequeños detalles: el tendero que surte su estantería gracias a un microcrédito, la madre de familia que recibe su apoyo alimentario a tiempo y una región que, pese a sus retos históricos, vuelve a apostar por su propio futuro.
















