Tras Bambalinas
Por Juan de la Plaza
El reciente diálogo del gobernador Ricardo Gallardo Cardona con la dirigencia de Morena no fue una cortesía de agenda ni una foto para el archivo. Se inscribe, más bien, en el reacomodo fino que exige el acuerdo estratégico nacional con el PVEM y el PT rumbo a 2027. En San Luis Potosí, donde el Verde es hoy la fuerza dominante, Gallardo vuelve a confirmar algo que en política cuenta más que los discursos: quién trae las canicas… y cuántas.
Lejos del saludo protocolario, la conversación refleja una madurez política poco común en el último tramo de un sexenio. Gallardo llega con números, estructura y territorio; es decir, con argumentos. Mientras otros piden lugar en la mesa, él llega con la mesa puesta. No es soberbia: es aritmética electoral. El gobernador se posiciona como actor clave dentro de la alianza no solo por el peso del Verde, sino por su capacidad de generar consensos y avanzar una agenda que privilegia gobernabilidad y resultados —palabras que, por cierto, suelen escasear cuando se acerca la contienda.
La fuerza del PVEM en suelo potosino es incuestionable. En pocos años levantó una maquinaria territorial con respaldo ciudadano y control de espacios de poder. ¿La receta? Cercanía social, programas visibles y una narrativa de resultados que conecta con amplios sectores. Mientras algunos siguen debatiendo “purezas”, el Verde administra realidades.
El liderazgo de Gallardo ha sido determinante. Su estilo directo, el recorrido constante por municipios y la política de beneficios tangibles a quienes menos tienen han consolidado la percepción de un gobierno activo. En política, la percepción es mitad del triunfo; la otra mitad, la operación. Y ahí también hay oficio. Por eso San Luis Potosí se volvió referente nacional para el partido.
Otro punto del diálogo con Morena fue la capacidad gestora del mandatario: atraer inversiones, gestionar recursos federales y mantener una relación institucional fluida con la Federación. Traducido: resultados que suman al proyecto común. En una coalición, quien entrega resultados manda; quien promete, espera turno.
Como interlocutor, Gallardo practica el pragmatismo de largo aliento. Entiende que las mayorías se construyen con diálogo, acuerdos claros y respeto entre aliados. De cara a 2027, el escenario es favorable: un Verde fortalecido, un gobernador con alta capacidad de operación y una estructura aceitada. La reunión de este lunes no solo confirma la vigencia del acuerdo nacional; anticipa una estrategia coordinada donde Gallardo aparece, sin estridencias, como uno de los arquitectos del camino. Y en política, ya se sabe: el que diseña el plano, decide por dónde se entra.
















