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El titular de la CEPC, Mauricio Ordaz Flores, vio el caso y lanzó un dato que pone los pelos de punta: “En el estado hay cerca de 10 mil talleres registrados como negocios de bajo riesgo, pero solo el 50% está regulado.”
La mitad trabaja bajo la filosofía de “si no truena, no pasa nada”, operando sin capacitación, sin controles y confiando en gatos hidráulicos que probablemente llevan más años funcionando que el propio taller.

Ordaz explicó que muchos establecimientos -mecánicos, hojalaterías, tornos, soldaduras- piensan que con tener licencia municipal ya se libraron de todo. Spoiler: no. La ley exige cumplir con capacitación, protocolos, brigadas, equipo de emergencia y revisiones periódicas.
Pero mientras las reglas brillan por su ausencia, los talleres siguen operando como si fueran zona libre de responsabilidades.
La CEPC pidió a propietarios regularizarse ya, recordando que incluso ofrecen cursos gratuitos. Sí, gratuitos. Gratis. Cero pesos. Y aun así, miles prefieren seguir confiando en la suerte, en el gato hidráulico remendado y en la virgencita que cuelga sobre la caja de herramientas.
La muerte de Don José de Jesús no fue accidente inevitable; fue consecuencia de un sistema que mira hacia otro lado… hasta que un autobús cae y los obliga a voltear.












