Hay estructuras que envejecen mal. El Interapas es una de ellas

DON ENCHILADO

Por el Vigilante Soledense

Nació envuelto en el discurso elegante de la “visión metropolitana”, pero terminó convertido en un aparato asociado a fugas, drenajes colapsados, tandeos y colonias enteras sobreviviendo entre pipas y promesas. Durante años, el agua dejó de verse como un derecho para convertirse en herramienta política y, peor aún, en negocio.

Por eso la separación de Soledad del Interapas no debe entenderse como un simple ajuste administrativo. Para miles de soledenses representa un acto de justicia: recuperar un recurso natural que durante décadas fue administrado bajo intereses ajenos a la gente.

Antes del Interapas, los pozos ubicados en territorio soledense eran operados por el propio municipio. Pero llegaron los tiempos de la herencia maldita y los viejos caciques que vendieron la idea de una administración “metropolitana”, cuando en realidad construyeron un modelo donde Soledad aportaba agua… y otros controlaban el dinero y el poder.

El negocio duró demasiado.

Ahora que Juan Manuel Navarro Muñiz impulsa la desincorporación, el contraste político es inevitable. Mientras Soledad presume pozos perforados, colectores pluviales, drenajes rehabilitados e inversión histórica en infraestructura hidráulica, desde la capital el discurso gira alrededor de obstáculos y complicaciones.

Enrique Galindo Ceballos asegura que el proceso debe darse como un “divorcio por mutuo consentimiento”. La metáfora es interesante… aunque bastante conveniente.

Porque si se va a comparar el caso del Interapas con un matrimonio, habría que decir las cosas completas: Soledad prácticamente fue obligada a casarse sin estar totalmente de acuerdo. Y si aquello terminó funcionando como sociedad conyugal, entonces también aplica algo elemental: los bienes mancomunados deben repartirse.

Y ahí aparece el tema incómodo. Si gran parte de los pozos y de la infraestructura hidráulica están en territorio soledense, lo lógico sería que Soledad recupere lo que históricamente le pertenece.

Galindo parece esconder detrás del discurso técnico algo más delicado: desconocimiento de la historia real del Interapas… o temor a perder control político y presupuestal. Porque el agua no solo mueve tuberías; mueve influencia, dinero y votos.

El contraste también ya se refleja en las calles y en las encuestas. Mientras Galindo acumula desgaste por su incapacidad para resolver problemas como el agua, la inseguridad y el deterioro urbano de la capital, Navarro emerge como un político de la era moderna: cercano, operativo y con capacidad de respuesta. No es casualidad que ronde el 70 por ciento de aprobación ciudadana, mientras el alcalde capitalino batalla incluso para mantenerse arriba del 56 por ciento.

En contraste, Navarro entendió que el tema ya no podía administrarse con discursos. Apostó por construir capacidad operativa antes de concretar la separación. Y eso cambia toda la narrativa: ya no se trata de confrontación política, sino de demostrar que sí existe otra forma de administrar el agua.

Si el proyecto funciona, Soledad no solo habrá recuperado autonomía. También habrá destruido la vieja idea de que debía depender eternamente de un modelo agotado.

Epílogo:

Hay divorcios que destruyen patrimonios… y otros que liberan a quien llevaba años manteniendo una relación injusta. En Soledad, muchos empiezan a pensar que el agua jamás debió salir de casa.

Shares



El Mañana San Luis

junio 2026
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930