Staff/EL MAÑANA
Adolfo Benavente Duque creció prácticamente dentro del Heroico Cuerpo de Bomberos de San Luis Potosí. Hijo y sobrino de fundadores, su historia está ligada desde la infancia a una institución que nació en 1951 como un esfuerzo familiar y comunitario.
Con el paso de los años, asumió responsabilidades operativas y administrativas hasta convertirse en comandante, impulsando la profesionalización, el crecimiento en infraestructura y la creación de un Colegio de Bomberos único en el país.
Esta es su historia de cinco décadas de servicio, en las que ha sido testigo de la evolución —y también de las carencias— del sistema de bomberos.
Falta ayuda a Bomberos
Por falta de leyes que los obliguen, los Ayuntamientos no se comprometen con los cuerpos de bomberos ni con la ciudadanía para incluirlos como parte de los servicios que deben garantizar a sus Gobernados.
El Comandante Adolfo Benavente comparte en esta entrevista la batalla legal que ha impulsado con ese fin desde hace años, así como su formación, dificultades y hasta anécdotas que lo marcaron.
—¿Cómo inicia la carrera del comandante Adolfo Benavente Duque?
Yo traigo las cosquillitas de la familia. Tanto mi tío Antonio como mi papá, así como mi tío Enrique y mi tío Alfonso fueron los miembros fundadores del Cuerpo de Bomberos.
Un 14 de diciembre de 1951, mi tío Antonio toma la responsabilidad como jefe de Bomberos de la ciudad de San Luis Potosí.
En aquel tiempo las familias eran unidas y se juntaron todos los hermanos para apoyarlo y sacar adelante el compromiso de que funcionara. De los primeros 15 que constituyeron el Cuerpo de Bomberos, el 80% era familia, hermanos, primos-hermanos.
La familia Benavente Zarzosa era grande en aquel tiempo, trabajaron con mucho esfuerzo, sembraron muy buena semilla.
A mí me tocó nacer un año después de la creación del Cuerpo de Bomberos. Casi puedo decir que nací con el servicio en la sangre y, en 1968, ya con edad legal para tomar decisiones, fui aceptado como bombero voluntario, aunque desde mis infancias me iba con mi papá de metiche, de colero, a apagar incendios.
Los bomberos voluntarios tuvimos el primer edificio en la calle de Arista, a espaldas de lo que era la Cámara de Comercio y que hoy es la Biblioteca Universitaria.
Era un alerón grandote y fue la primera estación de bomberos, ahí había una cancha de voleibol y todos los días en la tarde los bomberos voluntarios iban y jugaban voleibol, muchos iban a visitar la estación para jugar voleibol y se ahí se hacían voluntarios.
En mayo de 1965 nos cambiamos a esta ubicación. Hoy esa cancha es estacionamiento, lamentablemente.
En 1993 ingresé al cuerpo de bomberos como asalariado.
En 1987 se retira mi tío Antonio como primer comandante y en esa época de los 80 fallecen mis tíos y mi papá. Yo tomé la responsabilidad de mi padre cuando muere en el 81 y trabajando con el Comandante, mi tío Antonio, empezamos a generar recursos.
“De los primeros 15 que constituyeron el Cuerpo de Bomberos, el 80% era familia. Sembraron muy buena semilla. A mí me tocó nacer un año después de su creación y nací con el servicio en la sangre”.
Mi tío Antonio se retira en el 87, entrega la responsabilidad al señor Alberto Zarzosa Castillo, que era el oficial de mayor alto rango. Yo asumo la segunda posición de Segundo Comandante y toda la responsabilidad directa de la Administración.
A partir de ahí empezamos a trabajar para buscar el crecimiento y el mejoramiento de la institución.
—¿Cómo han ido cambiando las instalaciones, el manejo, los recursos hasta hoy?
En el 87 recibí 9 unidades, 12 bomberos asalariados, cerca de 40 bomberos voluntarios y dos estaciones de bomberos.
Ahorita tenemos 55 bomberos asalariados, cerca de 120 bomberos voluntarios, 66 unidades y 8 estaciones de bomberos.
—¿Qué considera lo más relevante de estos cambios?
Que ha sido un trabajo de conjunto, de equipo.
Todo esto se ha logrado gracias a la conjunción del Patronato de Bomberos. Los patronatos administran el dinero y nosotros trabajamos en el equipo.
Ellos hicieron bastantes campañas financieras y nosotros, por este lado con amigos y amistades, pudimos conseguir equipo y herramientas.
También tuvimos respuestas muy buenas de las autoridades, otras regulares, otras nulas, pero sumando gente positiva logramos lo que hoy tenemos.
Un orgullo para nuestra institución son las instalaciones y la creación de nuestro Colegio de Bomberos. Es una instalación única en el país porque contamos con más de 10 simuladores con fuego real donde hemos formado infinidad de bomberos a nivel nacional.
Y también anécdotas y situaciones que nos han hecho reafirmar nuestra fe, nuestra entrega y tratar de ir mejorando nuestro servicio.
–-Usted ha impulsado a nivel nacional ante el Congreso una ley. ¿De qué trata?.
Tuve la oportunidad de ser presidente de la Asociación Mexicana de Jefes de Bomberos desde el 2000 hasta 2015 y siempre hemos tratado de que se reconozca la personalidad jurídica del servicio y de los cuerpos de bomberos.
Hemos presionado en el Congreso de la Unión para que dentro del Artículo 115 Constitucional se considere que dentro de los servicios que deben prestar los Ayuntamientos esté el servicio de Bomberos, porque actualmente no aparece y no es obligatorio para ningún municipio prestar el servicio.
Ya apareció en 1985 la Ley de Protección Civil pero es otra cosa muy diferente.
Queremos la creación de la Dirección Nacional de Bomberos y para eso se requiere la Ley Nacional de Bomberos en la que damos una personalidad jurídica a cada uno de nuestros bomberos mexicanos, un estatus social diferente, un modo de vida diferente, prestaciones mucho mejores, pero también mejores condiciones para la seguridad de los mexicanos.
Porque no hay una ley o un reglamento de protección contra incendios en México. Entonces, todo el mundo construye y hace labores sin ninguna reglamentación.
La única norma es la 002 de la Secretaría de Trabajo Visión Social. Pero al final tampoco es obligatoria.
“Es algo que siempre pasa cuando ocurren los incendios en las industrias grandes, dicen: “Ahí te voy a visitar después”. Y no vienen. Creo que deben ser más conscientes para ayudar”
—¿Qué estatus mantiene?
Todo está en puntos de acuerdo. En el Congreso de San Luis emitieron una modificación a la ley municipal pidiéndole a los municipios que deben aportar y apoyar a los cuerpos de bomberos de acuerdo a sus posibilidades económicas. Pero no ponen ninguna cantidad
Te pongo un ejemplo, en Tamazunchale el Presidente Municipal les da 20 litros de combustible a la semana y dice que es con lo que puede apoyar. Pero pues eso no es no es una ayuda.
En la capital nos apoyan con casi el 70 por ciento de la nómina del cuerpo de bomberos. El otro 30% viene del apoyo del Gobierno del Estado. El resto sale de lo que se recibe de aportaciones voluntarias.
Pero se necesitan 2 millones 900 mil para nómina y 90 mil para combustibles al mes.
De pura nómina 2.4 millones porque como institución tenemos que pagar seguro social, Infonavit, Afore, impuestos sobre la nómina. No estamos exentos de pagar ningún impuesto, y vacaciones, que ahora ya me las hicieron muy largas
Tenemos dificultades con los camiones, ahorita tenemos tirados dos descompuestos y estamos batallando para repararlos por falta de dinero.
Ahorita estaba viendo que una empresa me manda un mensaje y me pregunta: “¿en qué te podemos apoyar?”. Pues nos pueden ayudar con donaciones en especie y con que tengan medidas de prevención contra incendios.
Nos ayudan en especie, con refacciones, con llantas porque fiscalmente es más fácil que puedan deducir este gasto.
—En la zona metropolitana de San Luis Potosí nos tocó vivir varios incendios catastróficos como el de la vidriera ¿Cómo fue que pudieron reaccionar?
Sacamos el equipo que tenemos. Depende del tipo del siniestro, pero cuando tenemos un incendio de gran magnitud ocupamos entre 8 y 10 camiones grandes.
Los equipos que tenemos descompuestos son de ataque rápido, chicos, que hacen casi el 90% de los servicios.
Los camiones grandes todos afortunadamente están en operación. Los camiones cisterna también están en servicio, y esos fueron los que usamos.
Estamos operando con cuatro estaciones al día. Por ejemplo, en el incendio de la vidriera tuvimos que desplazar el equipo de las cuatro estaciones: Ocho unidades, es decir el camión de bomberos y su respectivo camión cisterna. Y tuvimos respuesta de cerca de 35 bomberos voluntarios.
Otros 10 se quedaron aquí en la estación central para atender todas las otras llamadas que se presentaron mientras estuvimos trabajando nosotros en la vidriera.
Porque en ese lapso se atendieron alrededor de ocho o nueve servicios en la ciudad, aparte de ese gran incendio.
Y bueno, cuando son incendios de gran magnitud tenemos que evaluar las tácticas y las estrategias que debemos aplicar.
Todos los incendios están fuera de control cuando nosotros llegamos, pero cuando es un incendio de ciertas características y nuestros recursos nos dan la oportunidad de controlar, entramos con un ataque ofensivo, como en los partidos de fútbol americano.
Pero cuando vemos que nuestros recursos no están de acuerdo a la magnitud y dimensiones del incendio, hacemos un ataque defensivo, que es cerrar el fuego, dejarlo que ya no avance. Se va a quemar lo que está dentro del cerco, pero vamos a evitar que el fuego se nos propague, que se salga de esa área.
En la vidriera nos enfocamos a mantener el fuego dentro del punto donde inició, evitando que pasara a las otras naves.
Es un tipo de ataque diferente que requiere mucha agua.
Usamos más de 50 viajes de pipas entre las pipas de nosotros, las del Gobierno del estado, las del Ayuntamiento de la capital, las de Villa de Pozos y particulares. Fueron más de 50 viajes. Estamos hablando casi medio millón de litros de agua.
—¿Y qué responsabilidad adquiere la empresa en estos casos?
Mire, cuando terminamos el servicio y empezamos a recoger, aprecio y admiro que la gente nos dice: “Gracias, muchas gracias por tu atención”.
Lo que me cae mal es cuando me dicen: “¿Cuánto te debo?”. Porque nuestra institución fue creada para prestar servicios sin fines de lucro Entonces les digo: No me debes nada. Es nuestra obligación, nuestro trabajo.
Y lo que aprecio mucho es cuando la gente me dice: “Gracias, gracias por tu atención, gracias por tu respuesta”. Hace dos días tuvimos un incendio en una casa-habitación y el señor de la casa vino y nos dijo: “Oye, por favor, transmítele a tus compañeros bomberos mi agradecimiento por su atención y su respuesta”. Eso es lo que a nosotros nos hace felices, lo que nos hace salir adelante.
Y hay algunas empresas, como las cuatro últimas que han sido afectadas por incendios, que no han venido a visitarnos.
Nos dieron las gracias los encargados de la planta. Pero los ejecutivos no han dicho: “Oye ¿cuánto gastaste? ¿Te puedo apoyar? Dime qué necesitas”.
Es algo que siempre pasa cuando ocurren los incendios en las industrias grandes, dicen: “Ahí te voy a visitar después”. y no vienen.
Y no es para cobrarles, pero sí que se hagan conscientes de que las 8 o 10 unidades que estuvieron trabajando en el lugar gastan combustible, equipo, sueldos y salarios.
No digo de lugares con pérdida total porque sería malo por parte nuestra pedirles: “ven a ayudarme”, cuando perdieron todo.
Pero esas empresas que son grandes, que sí tienen y que lo que perdieron no es nada para ellos, yo creo que sí deben tener un poco de respuesta más positiva para mejorar el servicio de bomberos.
Siempre les he dicho a todos, a la comunidad, a la industria, al gobierno y a los municipios, que el dinero que le están dando a los bomberos siempre lo van a recibir de regreso.
-En cuanto a infraestructura ¿se imagina si sucedieran dos o tres incendios en la misma zona? ¿Qué escenario pintaría para usted?
No, realmente no tenemos la capacidad para eso.
Por cuestiones de la Ley Federal del Trabajo que entró en vigor hace dos años, tuvimos que modificar el horario de trabajo de los compañeros y ahora sólo trabajan cuatro estaciones por día.
La que está cerrada hoy abre mañana. La que abrió hoy cierra mañana.
Osea, estamos trabajando al 50%.
Y sí hemos tenido algunas complicaciones y algunas situaciones difíciles.
Para llegar a trabajar al 100% como estábamos, necesitamos el doble del presupuesto que tenemos hoy.
“Una vez, en un rescate en una mina oímos un “tsh”, volteamos y en un socavón estaba el minero que estábamos buscando ¡estaba muerto, pero todos lo oímos!”.
—El alcalde Enrique Galindo dijo que el dinero de parquímetros en el centro histórico iba a ser destinado al Heroico Cuerpo de Bomberos Metropolitanos, y sólo en el primer trimestre se juntaron más de 8 millones de pesos ¿Se les ha entregado?
Lo que ofrecieron entregar al Cuerpo de Bomberos, lo que dice la cláusula, es el 15% del remanente de parquímetros nada más. Es lo que nos entrega, cerca de un millón de pesos mensuales.
Ahí se incluye lo de parquímetros, que son unos 200 mil pesos al mes, lo del trabajo que hacemos de revisar planos, y la aportación que hace el Ayuntamiento.
Si nos entregaran los 27 millones de pesos que cobran por parquímetros, con eso estaríamos bien.
- ¿En casas habitación cómo está el tema de los incendios?
Hay factores que están derivando en incendios que son la sobrecarga de las instalaciones por exceso de cargadores de teléfonos celulares, aparatos de juegos de los niños y televisiones.
También tenemos un problema muy grave con las instalaciones de gas, porque en la pandemia la gente se acostumbró a desconectar su tanque de gas e ir a la planta a cargar los 200 o 300 pesos porque la situación económica era grave. Pero la gente ya se acostumbró y sigue con esa práctica, lo que ha generado un movimiento muy atípico de cilindros de gas y ha habido muchos problemas.
También, lamentablemente hay más conflictos entre familias y eso ha generado que el índice de incendios intencionales se incremente.
—Y finalmente Comandante, dos preguntas de nuestros lectores.
¿Tras más de 50 años de carrera y experiencia, ¿Qué le diría al joven que hoy quiere entrar como voluntario?
Que debe tener verdadera vocación de ayudar al prójimo. Si la tiene, va a poder brincar todos los obstáculos.
Porque se debe entregar a estudiar y aprender, además de que los riesgos y las condiciones que estamos viviendo hoy son más difíciles.
Se han creado cosas materiales más peligrosas. Estamos entrando a la era de la electricidad hasta en los vehículos. Y las construcciones, los muebles, los enseres ya son muy diferentes a los anteriores, son más de plástico, de PVC y generan una combustión y una temperatura más alta.
—Y finalmente ¿qué pasó en aquellos años entre 1972 y 1973 en el municipio de Venado?
Nos llamaron para ir a rescatar a 10 mineros que habían quedado ahogados en el tiro de una mina.
Nos llevó el Comandante Antonio y al frente iba también mi papá, éramos unos seis.
Rescatamos cinco cuerpos porque los que lograron sobrevivir salieron por su propio pie.
Cuando nos faltaba uno, estábamos esperando a que bajara más el nivel del agua. Como hacía mucho frío afuera, preferimos meternos al tiro de la mina.
Bajamos como 15 o 20 metros y estábamos platicando cuando de repente nos quedamos callados y oímos un sonido: un “tsh” y volteamos hacia arriba y en un socavón estaba el minero que estaba perdido ¡pero estaba muerto! No sé qué pasó, pero todos lo escuchamos.
Se nos quedó grabado porque dijimos: “Ah chirrión, ¿De dónde salió el ruido?”
A muchos compañeros también les han pasado algunas cosas así, medio difíciles de creer.
















