Staff / El Mañana
Alberto López Alfaro, Jefe de Grupo de Seguridad y Custodia, cierra tres décadas de trayectoria impecable protegiendo a las familias potosinas.
Treinta años se dicen fácil, pero representan toda una vida dedicada a vigilar el sueño de los potosinos.
Para Alberto López Alfaro, Jefe de Grupo de Seguridad y Custodia, el último pase de lista no fue un trámite más, sino el cierre de una historia escrita con disciplina y el polvo de los caminos recorridos en cada rincón de San Luis Potosí.
Durante tres décadas, la corporación no fue solo su trabajo; fue su segundo hogar y el escenario donde forjó un carácter inquebrantable ante cualquier desafío.
Desde sus operativos en el grupo Alfa 1 hasta sus responsabilidades en la ayudantía, López Alfaro entendió que portar el uniforme de la Guardia Civil Estatal era un compromiso sagrado.
Esa misma mística la llevó a su mesa familiar; sus hijos no solo vieron a un padre, sino a un hombre que les enseñó, con el ejemplo diario, que la honestidad es la mejor herencia.
En su casa, el uniforme colgado cada noche era el símbolo de una batalla ganada al cansancio y al peligro para proteger a los demás.
Al dejar las filas, se lleva consigo el respeto de sus compañeros que lo ven como un maestro y la gratitud de una institución que reconoce su lealtad a toda prueba.
Aunque se retira de las calles, su eco queda en los cuarteles y en el recuerdo de quienes aprendieron de su guía.
Se va con la frente en alto, sabiendo que cumplió con su deber de proteger y servir hasta el último minuto de su guardia, dejando un legado que el tiempo no podrá borrar.

















