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LA CRÍTICA JUSTA FAVORECE: JUAN VILLORO

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Agencia Reforma

Ciudad de México 14 octubre 2026.- ‘La discutidora especie humana sólo prospera en discrepancia’, argumentó Juan Villoro al defender el disenso. Recibió el Premio Fuentes.

Así lo pronunció el escritor y periodista ante amigos, familiares y colegas, además de autoridades universitarias y del sector cultural, reunidos en el Palacio de Bellas Artes para la ceremonia de entrega del Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en Idioma Español 2026, celebrada este miércoles.

“Con excesiva frecuencia, se considera que toda crítica se ejerce en contra. No es así: la crítica justa favorece. La discutidora especie humana sólo prospera en discrepancia”, expresó el autor al dar lectura a un discurso titulado El espejo de obsidiana, repartido en una edición impresa a los presentes.

El también columnista de Grupo REFORMA acababa de señalar que “la desigualdad social, la violencia, la discriminación racial y de género, y el crimen organizado, dan las horas de un País injusto”. Y que, si bien es de agradecer que México represente una zona de excepción en pleno auge de la ultraderecha en América Latina, “aún falta lo que falta, como dicen los zapatistas”.

“No sería fiel al espíritu de Fuentes si no insistiera en ello”, enunció el integrante de El Colegio Nacional justo antes de resaltar el valor de la crítica, y sus palabras hacen eco en una coyuntura nacional donde las alarmas de censura se han encendido con la aprobación de la llamada Ley Antimemes.

Abordado por los medios al término del acto, Villoro abundaría en el clima de polarización actual donde todo pareciera ser blanco o negro; “y yo creo que el análisis crítico tiene que pasar por una gama de grises”, consideró.

“Tú puedes reconocer problemas en una causa política que apoyas, y eso no es una traición; y, al mismo tiempo, puedes reconocer virtudes en una causa política que repudias, pero eso tampoco significa que tú te convertiste en alguien diferente”.

El autor de títulos como No soy un robot y El libro salvaje recordaría incluso cuando el entonces expresidente Andrés Manuel López Obrador le hizo el “dudoso honor” de dedicarle un par de sus mañaneras, diciendo que el problema con él era que no se sabía bien lo qué iba a escribir y a pensar; “improvisó un calificativo para mí, dijo que era ‘gelatinoso’ porque no se podía definir”, rememoró.

“Y a mí eso me pareció un gran elogio que desde luego le agradezco, porque yo creo que la verdadera función de alguien que observa la realidad es que tú no sepas de antemano lo que va a comentar. Tiene que argumentar algo diferente en cada situación porque si siempre opina lo mismo y si siempre apoya por rutina, ya no es un analista, sino un propagandista.

“Y yo creo que el compromiso es ése: en una sociedad polarizada, los extremos se sientan cada uno en una silla.

“¿Cuál es el lugar del cronista, del analista crítico? Ninguna de las dos sillas, sino el sitio incómodo que es el hueco entre las dos”, prosiguió. “No se puede sentar, tiene que estar alerta, y desde ahí, desde ese lugar incómodo, debe decir lo que piensa”.

Poco importa que hacer eso resulte impopular, continuó, seguro de que “el verdadero análisis está escribiendo el sentido común del futuro”.

Aunado a esto, y con la Secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, sentada a unos pasos de él (el premio lo otorga su dependencia, en mancuerna con la UNAM), el escritor apuntó que “las carencias que no se atienden incuban dramas que pueden ser insalvables”, y por ello enfatizó la necesidad de dar más presupuesto tanto a cultura como a ciencia, educación y salud, “pilares esenciales de una política de izquierda”.

“Quienes hemos apoyado estas causas, estamos esperando, desde luego, que se privilegien estos sectores, y todos nosotros sabemos que están trabajando con muy, muy poco dinero”, comentaría luego ante los medios.

“Se está trabajando con mucha fuerza y con energía, pero todo eso es insuficiente. Lo que necesitamos nosotros es que Bellas Artes no sea un una estación del Metro, sino que Bellas Artes sea una necesidad cotidiana de todos los mexicanos”.

Afinidades literarias

Dar a Villoro un galardón con el nombre de Fuentes devino una oportunidad irrenunciable para realzar afinidades entre ambos escritores.

Fue Curiel de Icaza la primera en intentarlo al referir que los dos han hecho de México un territorio central de su obra; “dos voces que nos permiten comprender el País desde sus contradicciones, sus desafíos, sus memorias y sus posibilidades”, mencionó.

Acaso con mayor profundidad, la escritora Myriam Moscona, representante del jurado que decidiera premiar a Villoro por unanimidad, referiría eso mismo como la búsqueda compartida “de una visión panóptica del País y, en particular, de la Ciudad de México”.

El escritor galardonado, nacido dos años antes de la publicación de La región más transparente, donde Fuentes hizo de esta urbe su gran protagonista, admitiría que “escapar a su influencia es imposible, del mismo modo en que resulta inútil imitarlo: Su voz invita a que respondan otras voces”.

Moscona aprovecharía para echar la mirada atrás y evocar los orígenes de Villoro haciendo guiones para el programa El lado oscuro de la Luna, a los 22 años en Radio Educación, así como la vez en que, enviado por El País Semanal a entrevistar a Mick Jagger, maravilló al líder de los Rolling Stones con su charla.

“El magnetismo oratorio que todos admiramos de Juan (.) tiene un encanto tan preciso que le roba el tiempo a Jagger, y encima Jagger le da las gracias”, destacó la escritora, igualmente elogiosa con ese “encanto por la hibridación” que en buena medida definiera los primeros libros de cuento de Villoro, “los cuales retrataron a la juventud urbana bajo el influjo de José Agustín”.

“Relatos imbuidos de rock y contracultura”, agregó, y entre las sillas dispuestas en el área de murales del Palacio estaba sentado Andrés Ramírez, hijo mayor del autor de La tumba, junto a otras personalidades de las letras, como Adolfo Castañón, Odette Alonso, Marta Lamas, Tomás Granados, Eduardo Vázquez Martín, Hernán Bravo Varela, Sara Uribe y Julia Santibáñez.

Villoro, quien recibió un diploma y una escultura de manos del Rector de la UNAM, Leonardo Lomelí, y de Silvia Lemus, viuda de Fuentes, cerró su discurso compartiendo cómo se enteró de la muerte del autor de Aura, el 15 de mayo de 2012, al borde de un cenote de Yucatán a punto de descender con una cuerda.

“La tierra sabe impartir lecciones. En esa gruta del origen supe que me encontraba en un mundo sin la presencia física de Carlos Fuentes, pero marcado por su aura. El buzo Guillermo de Anda me recibió en su barca y habló de los entierros en el fondo del cenote. En la oscuridad, el agua tenía un fulgor de obsidiana. El maestro había partido, pero ahí estaba su espejo”, finalizó, entre aplausos.

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