LA CUENTA REGRESIVA COMENZO

A exactamente 100 días de que el balón ruede en la cancha del Estadio Azteca, México se encuentra en una encrucijada donde el brillo del trofeo de la FIFA, recientemente paseado por Palacio Nacional, contrasta con una realidad nacional e internacional que parece sacada de un guion de suspenso geopolítico. La narrativa oficial, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum y respaldada por los gobernadores de Jalisco y Nuevo León, apuesta por un “todo está bien”.

La agenda no se mueve, la gira del “Mundial Social” por diez ciudades, patrocinada por la Coca Cola, continúa y el discurso de “todo bajo control” se repite como un mantra.

EL MUNDO UNIDO POR UN BALÓN

Sin embargo, detrás de la foto oficial con el trofeo de 18 quilates, los puntos críticos son alarmantes. En el plano internacional, la inminente salida de Irán de la competencia no es un evento deportivo, sino el síntoma de una fractura global. Que una selección se retire por conflictos bélicos con uno de los anfitriones, Estados Unidos, rompe el mito del futbol y el slogan FIFA de: el mundo unido por un balón. A esto se suma la crisis de seguridad interna en México; tras la caída de liderazgos criminales, estados sede como Jalisco viven bajo un blindaje que, aunque necesario, desmiente la atmósfera festiva que se pretende vender.

SIN CANCHA

Pero el obstáculo más tangible es el propio Estadio Azteca. Los retrasos en su remodelación, en drenaje, conectividad y áreas de hospitalidad, son un secreto a voces que la FIFA observa con nerviosismo. ¿Por qué, entonces, no hay cambios de sede o postergaciones? La respuesta es pragmática y cruda: la maquinaria financiera es imparable.

La caja registradora de dólares de los organizadores difícilmente cederá ante los riesgos. El Mundial 2026 es el producto comercial más ambicioso de la historia con una derrama económica proyectada en miles de millones de dólares, la FIFA y los socios comerciales no permitirán que la inseguridad o los retrasos estructurales frenen sus ganancias.

LA INDUSTRIA DEPORTIVA EXPULSÓ AL FUTBOL COMO DEPORTE.

La “resiliencia” que hoy presume el gobierno mexicano parece ser, en realidad, una apuesta al límite donde el negocio manda sobre la contingencia. A 100 días, la pregunta no es si México está listo, sino sí el espectáculo puede permitirse fallar. La respuesta, tristemente, parece estar escrita en los márgenes de los contratos, no en la realidad de las calles.

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