Política Sapiens
Cuando el espacio público es utilizado bajo el anonimato, y ese anonimato tiene como objetivo el ataque directo ad hominem, sin pruebas fundadas, eso no es periodismo, ni opinión crítica, ni valentía. Es sicariato. Cuando una persona tiene la oportunidad de expresar de manera abierta su postura respecto al ejercicio del poder, pero oculta su rostro bajo el anonimato, está cometiendo uno de los actos más deleznables del periodismo: aprovechar la libertad de expresión para tratar de generar controversia y animadversión. Por ello, la utilización de seudónimos, más que proteger de una eventual venganza de aquellos que son objeto de la crítica, resultan contraproducentes, pues la voz oculta detrás de una máscara es eco de una animadversión personal. Qué fácil es firmar un artículo, una columna o un comentario político bajo un “alias” para efectos de auto protección.
Pero más bajo que eso, es la utilización de supuestos, infamias, herramientas como la inteligencia artificial, chismes, dimes y diretes, para tratar de influir en la opinión pública. La crítica, la sorna incluso, tiene espacio, y la libertad de expresión debe ser absoluta; lo que no debe ser, es la invención de supuestos hechos cuya única finalidad es confundir al respetable. pero como estamos viviendo en una era digital sin control del uso ético de la misma, es frecuente que nos encontremos con fake news, con publicaciones extravagantes, con acusaciones e infamias que, por lo general, no son castigadas y su veracidad queda bajo el criterio del lector. Caricaturizar no es ofensivo. Hacer crítica política utilizando las herramientas cibernéticas no es malo. Escribir desde la postura que se quiera y ser publicado no es, para nada, un error. Incluso es absolutamente necesario. Lo que no es correcto, es entrar en una guerra sucia bajo el pretexto profesional del periodismo. Esa es una justificación de un acto anti ético.
El enorme poder de los medios de comunicación es una realidad, y por eso todos los espacios periodísticos deben ser aprovechados como herramientas y no como armas. Que un medio se convierta en un AK47 es terrible, y que se pague dinero público para sustentarlo es peor. Las trincheras de combate se crean porque existen posturas contrarias, porque hay bandos ideológicos en confrontación. Utilizar plataformas y medios de comunicación para sembrar minas, sin dejar rastro de quién las coloca, o pretendiendo que dichas minas exploten sin saber quién las colocó, es terrorismo editorial. Y esto es una advertencia para lo que viene: las elecciones del 2027. Sin un árbitro capaz de controlar la internet, habrá una guerra sucia tremenda. Y eso lo podemos evitar desde ahora si establecemos reglas claras respecto a la fiscalización de los recursos orientados a ese tipo de “trabajo”. Igual con el exceso de publicidad gráfica, que sólo genera basura. Tanta como la que genera el sicariato digital.
Desde hoy, es necesario advertir a los electores que los espacios críticos, los medios de comunicación, las plataformas o redes sociales no verificadas no cuentan en el juego real de la confrontación política. Y que también le quede claro a quienes están detrás de esos instrumentos cuyo uso persigue una finalidad perversa, que pueden ser perseguidos, castigados y, sobre todo, eliminados por no ser parte del juego limpio de la inteligencia y la crítica constructiva. El periodismo debe ser un instrumento de la democracia, y no una máscara. Darle a la sociedad contenido basado en hechos, u opiniones firmadas con nombre y apellido, es fundamental para seguir avanzando como sociedad. Limpiemos desde hoy el camino hacia el 2027.















