La fábrica de falsedades

Política Sapiens

El debate en torno al uso de la inteligencia artificial y la generación de espacios de difusión de noticias falsas o de meras trincheras políticas está absorbiendo parte de la atención pública y mediática en el mundo. San Luis Potosí no es la excepción. A favor o en contra, lo que este momento demuestra es que hemos llegado tarde a una realidad que nos supera como sociedad: la IA puede tomar el control de la narrativa política.

Utilizar dichas herramientas para crear agendas artificiales es un problema que obliga a comprender cuáles son los alcances de las leyes para ponerles un límite y cómo el impacto de la difusión de contenidos sin sustento se convierte en un arma psicológica. Ahí, debemos reconocerlo, no existe periodismo informativo basado en la realidad, sino una fabricación de subjetividad. Cuando el intelecto no alcanza, lo más fácil es recurrir a la IA.

Quienes hemos dedicado toda la vida a pensar, analizar y tratar de comunicar por escrito nuestras ideas acerca de las múltiples realidades de lo observado, lo hemos hecho desde la honestidad del nombre propio, desde la búsqueda de la verdad y la confrontación de opiniones, y no desde el algoritmo que programa discursos o imágenes a la carta. Pero hay quienes revelan que su carencia de ética, su incapacidad reflexiva y su poco o nulo talento creativo no son problema, si ahí está la herramienta disponible para cubrir dichas carencias.

¿Cuántos portales supuestamente noticiosos o informativos son creados cada día? ¿Y cuántos de estos se convierten en tanques de guerra? Así como los drones de enjambre han modificado la guerra, así se reproducen masivamente los espacios de difusión de mentiras y ataques ad hominem. La lucha por el poder ahora se basa en la invención de tendencias y proyecciones sin estudios comprobables, sin reflexión seria, sin postura ética, moral o ideológica y sin argumentos realmente válidos.

Por eso es importante que este debate se extienda; que entre instituciones académicas, gubernamentales y la propia sociedad civil marquemos un alto a esta apuesta por el caos. Y es cierto: la libertad de expresión debe ser defendida siempre; pero lo que no podemos ni debemos defender es la utilización de herramientas cibernéticas para gestionar agendas políticas sin un verdadero origen en el pensamiento humano.

La crítica siempre debe ser constructiva. Señalar los errores o aciertos de un personaje público es necesario, incluso colocarse de un lado u otro de la liza y hacer bando. Eso es la política. Pero tratar de confundir a la opinión pública, escudándose en la libertad de expresión, se vuelve peligroso cuando los instrumentos de la tecnología se convierten en ese enjambre de drones que cambia las reglas del juego.

Fuera de leyes, reglamentos o castigos, tenemos que estar atentos a lo que sobrevendría como sociedad si permitimos que la IA tome el control de las elecciones. La voluntad popular no puede estar sujeta a lo que recibe a través de una pantalla, tal como se pide que tampoco dependa de los programas sociales. La información veraz, la objetividad y la capacidad de transmitir los hechos son una obligación de todo comunicador o comentócrata, como su servidor.

Si para defender o atacar una postura nos basamos en realidades alternas, dentro de muy poco tiempo estaremos viviendo una democracia ficticia y podemos caer en formas de ejercicio del poder donde las obras y acciones pasen desapercibidas y no exista modo de evaluar a quien se encuentra al mando.

Discutirlo es sano, porque hablar de aquello que nos incomoda, por estar sujetos a un condicionamiento de lo que es y lo que no debe ser, nos puede convertir en una masa crítica incapaz de reconocer su verdadera identidad.

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