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Política Sapiens
Octavio César Mendoza
Quienes en nuestra lejana infancia tuvimos la tarea de ir por las tortillas, aprendimos conceptos financieros como devolver las monedas del billete confiado. Una vez auditada por la madre tesorera, esa “feria” pasaba a formar parte de un saldo llamado “morralla” que, en mi caso, se depositaba en un frasco.
Distinguir entre “feria” y “morralla” es importante pues, aunque ambos derivan de un entero mayor, son cosas diferentes: la “feria” tiene tal condición entre el vendedor de tortillas y el comprador, hasta que se regresa a casa y se coloca en ese frasco, donde adopta su condición de “morralla”, por si se ofrece reunir cierta cantidad para adquirir otro bien o pagar un servicio.
Eso es lo que está haciendo Morena de San Luis Potosí con su apuesta por la gubernatura del Estado-perrito: de la “feria” de otros partidos o intereses de grupo están juntando su “morralla” para el 2027, a ver si se ajusta un par de diputaciones o se mantienen controles de la APF local, al punto de mencionar nombres extravagantes e inverosímiles como porta-bandera.
Desde el alcalde capitalino que es rojo pero también azul, hasta el rector de la universidad que es de derecha pero también de centro, pasando por el huasteco que es de Tanquián pero también de Tabasco, hasta la sorpresa por venir que dará a entender que no se tiene un perfil sólido o confiable para esta asamblea de tribus en que se está convirtiendo este instituto político.
El problema, crédulo de mí, es que hay mucha malquerencia y desconfianza entre unos y otros, y no hay para cuándo puedan sentarse a expresar con respeto, pero también urgencia histórica, qué desean hacer con dicha candidatura, a la par de sólo oponerse a la de la Senadora Ruth González Silva, del solidificado Partido Verde Ecologista de México, PVEM, para mayores señas el partido del tucán y, verbigracia, del pollo.
Véase lo que ocurre en el PAN: sabedores de que para una gubernatura la morralla ya no alcanza, se deshacen las finas vestimentas en la lucha por conservar la alcaldía de la ciudad capital que no es roja, ni azul ni amarilla pero sí rosa y amable; y a la cual no se le puede llamar ciudad-perrito porque hoy parece una ardilla maltrecha, o un trofeo desgastado por la codicia de tantos equipos -nomás faltan los de color naranja.
En esa cola se han formado los que podrían integrar la planilla del blanquiañil para ocupar el Ayuntamiento porque, en realidad, nomás a uno llamado Marcelo le alcanza para competir por el poder y los demás se hacen ilusiones de que su líder y presidente municipal sea gobernador, no le aunque sea por influencia de su ex subordinado convertido en Batman -conste que así lo dicen varios prianistas y no su servilleta. Respect.
A la hora de ir por las tortillas electorales, en fin, es factible que guindas y multicolores caigan en cuenta de que la “feria” será casi la misma que recibieron en 2021, consistente en algunas diputaciones y varios cargos con cara de “peor es nada” por previo acuerdo con quien sostiene no sólo la sartén sino la cocina integral y hasta el refrigerador. Imaginemos la cara de felicidad de quienes ya conocen lo que es mantenerse dentro del frasco legislativo.
Así que nos echaremos un volado a ver si es águila o sol, como dictaban las antiguas monedas de este país donde el valor nominal puede ser el mismo que el de los años del poderoso PRI, pero donde el poder adquisitivo político de hoy no sirve más que para aventar la morralla en un bautizo. Y conste que lo dice el mandadero de mi santa madre que en paz descansa allende los ilimitados cielos potosinos.














