Tras Bambalinas
Por Juan de la Plaza
En política casi siempre se dice que no existen fórmulas mágicas. Pero en San Luis Potosí parece que el gobernador Ricardo Gallardo Cardona ha encontrado algo que, sin ser alquimia, empieza a parecerse a una receta que funciona.
El sexenio del llamado “Pollo” Gallardo ha colocado a la entidad en una etapa de dinamismo económico que hace apenas unos años parecía difícil de imaginar. Hoy San Luis Potosí se mueve con soltura en el mapa industrial del Bajío, con manufactura avanzada, exportaciones en crecimiento y una vocación productiva que conecta con los mercados internacionales.
Por supuesto, hay a quienes les cuesta reconocerlo —sobre todo en la oposición—, pero los números son tercos. El estado dejó atrás los sótanos en los que durante años lo mantuvieron los gobiernos del PRI y del PAN, y ahora compite en varios indicadores con entidades que antes parecían inalcanzables.
No hay mucho misterio en el asunto. La estrategia ha sido relativamente clara: estabilidad política, promoción económica agresiva y una vinculación directa con las cadenas globales de producción. Algo que, dicho sea de paso, parece simple en el discurso, pero que no siempre se logra en la práctica.
Mientras algunos pronosticaban recesiones inminentes, guerras comerciales y otros augurios poco optimistas —acompañados por los tradicionales conjuros políticos de quienes quisieran ver tropezar al estado—, San Luis Potosí siguió avanzando.
Ahí está un dato que llama la atención: en 2024 la entidad se convirtió en el principal exportador mexicano hacia el Reino Unido, con ventas por 411 millones de dólares, según cifras de la Secretaría de Economía. No es poca cosa si se considera que compite con otros estados industriales con larga tradición exportadora.
Detrás de ese resultado aparece la columna vertebral de la economía potosina: la industria automotriz. La producción de vehículos, autopartes y componentes ha permitido abastecer mercados exigentes como el británico, mientras que la oferta exportable se diversifica con productos de alto valor agregado, desde sistemas eléctricos hasta partes para refrigeración industrial.
Y si el Reino Unido es un destino relevante, no es el único. De acuerdo con datos del INEGI, San Luis Potosí exporta miles de millones de dólares a diversos mercados. Estados Unidos sigue siendo el socio comercial principal, pero también figuran Alemania, Canadá y China entre los receptores de manufacturas potosinas. En conjunto, las exportaciones superaron los 6 mil 349 millones de dólares, cifra que confirma que la economía local está cada vez más integrada al comercio global.
Claro que detrás de cualquier boom económico también hay política. Y aquí es donde entra la llamada “fórmula Gallardo”. A diferencia de algunos estados vecinos donde la violencia complica el panorama, en San Luis Potosí se ha mantenido una estabilidad institucional que genera confianza entre inversionistas.
Los oficios políticos del gobernador han permitido mantener gobernabilidad, reducir tensiones y proyectar una imagen de certidumbre. Y en tiempos donde el capital suele huir de la incertidumbre, ese detalle pesa más de lo que a veces se reconoce.
El reto, por supuesto, no es menor: sostener el ritmo de crecimiento, ampliar mercados y lograr que este impulso económico se traduzca cada vez más en bienestar social para los potosinos.
Por ahora, entre empleos, obra pública, inversiones y un clima de relativa paz social, la fórmula parece funcionar. Y como en toda receta política exitosa, el verdadero desafío será que siga dando resultados cuando llegue el momento de servir el siguiente plato.
















