Desde la Banqueta
Ericka Segura
Aunque las campañas electorales todavía no arrancan formalmente, la disputa por el poder ya se está librando en otro terreno, las redes sociales, los portales digitales y la inteligencia artificial.
Los partidos políticos afinan estrategias, construyen alianzas y preparan candidatos. Pero hay otro actor que también comienza a mover piezas en silencio: los medios de comunicación, los portales informativos y los operadores digitales que buscan influir en la percepción pública.
Seamos honestos. En cada proceso electoral aparecen páginas anónimas, perfiles sin responsable visible y supuestos medios de comunicación que publican información sin firma, sin fuentes y sin asumir ninguna responsabilidad sobre el contenido que difunden. Algunos nacen únicamente para atacar adversarios, fabricar escándalos o impulsar narrativas favorables a determinados grupos políticos.
Por eso no resulta descabellada la discusión que ha puesto sobre la mesa el gobernador Ricardo Gallardo Cardona respecto a la necesidad de regular los espacios digitales. El debate no debería centrarse en si se trata de censura o no. La verdadera pregunta es otra,¿quién responde cuando se difunde una mentira que afecta la reputación de una persona, manipula a la opinión pública o altera el debate democrático?
La libertad de expresión es un derecho fundamental, pero también lo es el derecho de los ciudadanos a recibir información verificada. Nadie cuestiona que un periódico impreso tenga responsables editoriales, directores y autores identificables. Entonces, ¿por qué algunos portales digitales operan desde el anonimato absoluto?
La llegada de la inteligencia artificial vuelve todavía más urgente esta discusión. Hoy es posible fabricar audios, videos, fotografías y declaraciones falsas con una facilidad nunca antes vista. En un escenario electoral, estas herramientas pueden convertirse en armas de guerra sucia capaces de influir en miles de personas en cuestión de horas.
Y es precisamente en los años electorales cuando más necesaria resulta la transparencia. Porque los periodistas no son candidatos, pero tampoco son simples espectadores. La información se ha convertido en una herramienta de poder y quien la utiliza tiene una enorme responsabilidad frente a la sociedad.
Regular no significa censurar. Significa establecer reglas mínimas de identificación, transparencia y rendición de cuentas. Significa saber quién informa, quién financia y quién responde cuando una mentira se presenta como noticia.
La polémica ya está instalada en la agenda pública. Y quizás ese sea el verdadero fondo del debate, definir si las elecciones del futuro se decidirán mediante información verificable o a través de una selva digital donde cualquiera puede difamar, manipular o engañar sin consecuencia alguna.
Porque cuando la verdad compite contra el anonimato, la democracia siempre lleva las de perder.















