La herencia maldita se quedó sin agua… y sin amparo.

Ericka Segura

Desde la banqueta

En San Luis Potosí hay dos cosas que nunca fallan, el calor y los amparos de la “maldita herencia”. Sí, esa vieja confiable del manual político donde todo proyecto nuevo huele sospechosamente a “desarrollo” y por lo tanto, hay que frenarlo. Porque claro, si algo caracteriza a ciertos grupos ligados al Partido Revolucionario Institucional y al Partido Acción Nacional es su alergia crónica a que algo avance sin su bendición o sin su nostalgia.

Pero esta vez, la historia tiene tintes más divertidos que dramáticos. El viejo y olvidado Splash, ese que quedó en pausa desde la pandemia como recuerdo acuático del abandono, está mutando —cual película jurásica de bajo presupuesto pero con final feliz— en el Dinoasis. Sí, un parque que promete risas, agua y dinosaurios algo que, curiosamente, también abundó en la política local, pero sin tanta diversión.

Y mientras las máquinas avanzan, las palapas se levantan y los dinosaurios comienzan a asomar entre concreto fresco, aparece en escena el ya conocido libreto, -amparo-, comunicado indignado y discurso ambiental con tintes de protagonismo. Esta vez, la organización Cambio de Ruta decidió subirse al tobogán, pero sin agua. Promovieron un recurso legal para frenar la obra, argumentando preocupaciones ambientales, consumo de agua y hasta la defensa del “capital verde”.

Pero el juzgado federal les dijo “gracias por participar”.

Sí, el amparo fue desechado. Y no, no fue un rugido jurásico, fue más bien un pequeño chillido legal que se perdió entre tecnicismos. La propia organización, el tribunal no les reconoció interés jurídico legítimo. Traducido al español coloquial, no tenían vela en ese entierro.

Pero ojo, que el drama no termina ahí. Como buena saga, ya anunciaron secuela, impugnarán la decisión ante un tribunal colegiado. Porque si algo no se le puede negar a esta estrategia es la constancia aunque los resultados sean más bien de colección.

Y aquí es donde la ironía alcanza niveles olímpicos. Porque mientras se acusa de daño ambiental, las autoridades —con respaldo técnico de la Secretaría de Ecología— aseguran que no hay tala de árboles vivos, que existe una Manifestación de Impacto Ambiental y que incluso habrá una planta tratadora para reutilizar el agua. O sea, el proyecto no solo busca entretener, sino también no secar el parque en el intento.

Mientras tanto, del otro lado del ring político, la narrativa es clara, que si se está “politizando”, que si es protagonismo, que si es sabotaje con sello judicial. Y la verdad, viendo el historial reciente, no suena tan descabellado. Porque no es la primera vez que Cambio de Ruta aparece en escena; ya lo hizo con el bulevar Río Santiago, con el Parque de Morales y ahora con el Splash versión jurásica. Una especie de Jurassic Park… pero de amparos.

Lo cierto es que, entre demandas, declaraciones y dinosaurios, hay algo que resulta difícil de ignorar, la obra sigue avanzando. Y eso, en un estado donde muchas veces el desarrollo se queda atorado en el escritorio, ya es noticia.

Porque al final, más allá del sarcasmo y la grilla, hay una realidad que pesa, la gente quiere espacios, quiere opciones, quiere lugares donde refrescarse sin tener que recordar administraciones pasadas que dejaron más pendientes que soluciones.

Así que sí, pese a todo pronóstico, pese a la “maldita herencia” y sus intentos de frenar con papeles lo que no pudo construir con hechos, el Dinoasis sigue tomando forma. Y quizá ahí está la mejor metáfora de todas, mientras unos siguen atrapados en el pasado otros ya están construyendo el futuro, con alberca, toboganes y dinosaurios incluidos.

Porque al final del día, en política y en parques acuáticos, hay una regla no escrita:

el que se queda estancado se queda seco.

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