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La maternidad en la sombra: Lo que nos revelan los casos de Lindsay Clancy y Alejandra Marín Mendoza

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Ana & Lisa

La semana pasada conocimos el trágico caso de Lindsay Clancy, una madre estadounidense que, atravesando por un grave cuadro de psicosis posparto, cometió homicidio con sus hijos y un intento de suicidio. El caso sigue bajo investigación y aún deja muchas dudas, pero lo que sí es una realidad es que ella llegó a ese estado a pesar de haber buscado de manera constante ayuda profesional de salud mental.
Y el fin de semana nos volvimos a encontrar con el documental de Netflix Un hijo propio, dirigido por Maite Alberdi, donde se retrata la historia de Eleonor Alejandra Marín Mendoza, un relato que nos llevó inevitablemente a mirar y a reflexionar sobre la salud mental pre y posnatal.
Ver ambas historias que parecen distantes entre ellas nos hizo pensar que están más cerca de lo que creemos, y que como sociedad somos partícipes de la salud y de la enfermedad, de que un trastorno pueda ser atendido o evadido. Por ejemplo, la narrativa de Alejandra expone la inmensa presión social por cumplir la expectativa de ser madre, marcada por pérdidas gestacionales recurrentes que derivaron en un embarazo ficticio y una desesperación desbordada que la llevó, en 2009, a sustraer a una recién nacida del Hospital General donde trabajaba. Como consecuencia de esta crisis no atendida, pasó una condena de casi 14 años de prisión.
Aunque las circunstancias y los desenlaces de ambos casos son distintos, comparten un trasfondo común: la invisibilidad de la salud mental perinatal y la soledad con la que se viven los traumas gestacionales.
Historias como las de Lindsay y Alejandra nos invitan a reflexionar sobre cómo podemos romper el estigma dentro de nuestro entorno cotidiano. ¿Cómo podemos ser una red de contención real?
Crear espacios seguros de escucha: Normalizar que el deseo frustrado de la maternidad, el duelo por pérdidas gestacionales y las alteraciones hormonales o psíquicas tras el parto no deben vivirse en silencio ni con culpa.
Aprender a detectar señales de alerta: Estar atentos para observar cuando un ser querido está sobrepasado, disociado o sufriendo en aislamiento, motivando la búsqueda de acompañamiento profesional sin juzgar.
Estos desgarradores sucesos no son solo fallas individuales, sino también un reflejo de las deficiencias del sistema de salud:
Sensibilidad y regulación en trastornos posparto y duelo gestacional: Es imprescindible contar con protocolos de detección temprana de la depresión y la psicosis posparto, así como con apoyo psicológico obligatorio para mujeres que atraviesan abortos o problemas de fertilidad.
Acceso equitativo a la salud reproductiva: La falta de regulación y la inaccesibilidad económica a los tratamientos de fertilidad dejan a muchas mujeres vulnerables a un desgaste emocional extremo ante la presión social de concebir.
Mirar estas historias requiere un compromiso social para demandar un sistema médico más sensible, regulado y humano, donde la salud mental de las mujeres y los hombres sea tratada como una prioridad y no como un tabú.

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