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- Cada 24 de septiembre, locatarios celebran a su patrona entre misa, lucha libre, juegos y alimentos que mantienen vigente una tradición centenaria.
En el corazón del histórico barrio de San Miguelito, entre aromas de gorditas, jugos, frutas, verduras y pan recién salido de las panaderías, permanece La Merced, un mercado que ha encontrado la manera de sobrevivir al paso del tiempo y conservar una parte de la memoria de San Luis Potosí.

Su historia comenzó mucho antes de los mostradores. En el lugar existieron un templo y un convento dedicados a la Virgen de la Merced, construcciones que fueron demolidas en 1857. Sin embargo, el espacio volvió a cobrar vida en 1891 con la inauguración del mercado Tangamanga.
El nombre oficial no consiguió borrar la memoria. Años después fueron los propios locatarios quienes solicitaron recuperar la denominación de La Merced, aquella que todavía identifica al inmueble y conserva su vínculo con la imagen religiosa.
Dentro del mercado pueden encontrarse al menos cuatro figuras de la Virgen. Entre ellas sobresale una tallada en madera, convertida en parte de la devoción que acompaña diariamente a comerciantes y familias.
Cada 24 de septiembre esa historia vuelve a encontrarse con el presente. Los vendedores dejan por un momento la rutina para reunirse en una misa dedicada a su patrona y agradecer un año más de trabajo.
La celebración también transforma los alrededores con lucha libre, juegos mecánicos y alimentos compartidos. Así, entre comercio, memoria y convivencia, La Merced se resiste a convertirse únicamente en un edificio antiguo: sus locatarios mantienen vivos sus pasillos y una tradición que atraviesa generaciones.

















