LA MÚSICA ES EL ÚNICO IDIOMA UNIVERSAL: SANDOVAL

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Agencia Reforma

Ciudad de México 22 octubre 2026.- Para un hombre que se ha pasado la vida entre aviones y escenarios, el encierro fue “una experiencia horrible”.

Durante la pandemia de Covid-19, el trompetista y pianista cubano Arturo Sandoval (Artemisa, 1949) pasó más de 2 años en su casa sin poder tocar en público. Su remedio fue el piano.

“Por casi 2 años y medio estuve haciendo dos o tres canciones nuevas diarias. Estamos hablando de muchos cientos de canciones”, dice el músico, en videoentrevista, con un puro en la mano y una playera negra estampada con las siluetas de Dizzy Gillespie y la suya, tocando la trompeta.

Su hijo, Arturo “Tury” Sandoval III, y su nuera y mánager, Melody Lisman, le propusieron hacer un disco con ese material. Ninguno de los dos es músico ni había producido.

De esas composiciones, tanto su hijo como Lisman eligieron 100 canciones y le pidieron que él escogiera solamente 12 para el disco, titulada Sangú.

“Todo tenía sentido. Fue una cosa increíble”, expresa Sandoval, de 76 años, cofundador del grupo de jazz cubano Irakere.

El título del nuevo disco surgió de un malentendido en inglés. Cuando escucharon la grabación de la primera canción, Sandoval asintió satisfecho: “Sangú”. Su hijo y su nuera empezaron a carcajearse. Extrañado, les preguntó cuál era la gracia. “Por lo que acabas de decir. Dilo otra vez”, le respondieron, y él obedeció: “Sounds good”.

La frase, por su acento cubano, otra vez sonó “sangú”.

Una palabra que refleja cómo ha transcurrido su vida, entre dos idiomas, a raíz de su exilio en 1990. Llegó a Estados Unidos sin hablar inglés. La música, dice, era la única manera de comunicarse.

“La música es el bálsamo para el alma, es el espíritu de los pueblos. Estoy convencido de que es el único idioma universal”.

Sangú es un disco que, admite, podría englobarse en dos palabras: raíz y familia.

Reconoce las influencias de lo afrocubano, el funk y el jazz, que son el cimiento de sus sonidos.

Babalú Ayé, que recoge su devoción a San Lázaro, es una de las pocas piezas donde se escucha la voz hablada del trompetista y pianista.

“Soy muy devoto de San Lázaro, toda mi familia, toda mi vida. Esa canción para mí significa mucho; posiblemente es mi favorita”, expresa, del otro lado de la pantalla.

Scat, primer sencillo del disco, se presenta como un diálogo entre la trompeta y la voz de Sandoval.

“Hay que saber bien la armonía y las notas que pertenecen a ese acorde”, explica el músico.

Azulito es un “bluesito” y Panza está dedicada, precisamente, a su barriga, que a veces usa como percusión, explica, divertido, y lo demuestra frente a la cámara con el vientre descubierto.

Sandoval siente todavía presente la influencia de Irakere, la legendaria banda cubana impulsada en 1973 por Chucho Valdés con músicos de la Orquesta Cubana de Música Moderna, entre ellos Paquito D’Rivera y él mismo. Ahí se gestó el núcleo de la célebre agrupación.

“La dictadura cubana nos prohibió usar los platillos de la batería porque decían que eso era una influencia de la música americana y del rock and roll.

“Tuvimos que cambiar todo eso con pailas, cencerros y otros tambores afrocubanos. Pero al final lo que queríamos era tocar (jazz), enmascarado detrás de toda esa influencia, aunque estuviera prohibido”, relata.

Sangú, producción lanzada en mayo pasado, se mantuvo en el primer lugar de las emisoras de radio de jazz de los Estados Unidos durante cuatro o cinco semanas, según cuenta. Sin embargo, no logró esta vez, como se esperaba, una candidatura al Grammy Latino. Las nominaciones se dieron a conocer el pasado 16 de septiembre.

“Pensábamos sinceramente que por lo menos iba a ser nominado”, expone. “Pero si la gente lo disfruta, eso para nosotros es más importante que 20 Grammys”.

Sandoval, no obstante, ya ha cosechado una decena de estos premios con su impresionante discografía: 51 álbumes hasta ahora.

Según recuerda, en Cuba grabó un solo disco, del que se hicieron unas 20 copias.

‘Somos un vehículo’

Sandoval jamás ha padecido un bloqueo creativo.

“La música está en el aire y viene de arriba (¦) Somos un vehículo”, sostiene.

Creció tocando música tradicional cubana con los músicos de su pueblo. “Siempre queda algo de los inicios porque eso fue el comienzo de todo”, dice.

Posteriormente obtuvo una beca de 3 años para estudiar música clásica.

“Después alguien me hizo escuchar un disco de jazz y abrir los ojos”, recuerda.

En otras entrevistas ha contado que se trataba de un disco de Gillespie y Charlie Parker, que le puso un periodista aficionado al jazz.

La relación con el primero -presente en la playera que porta- marcó su vida. Se conocieron en 1977, cuando el trompetista estadounidense llegó a La Habana en una gira de jazzistas.

Sandoval se ofreció a pasearlo en su coche sin decirle que también tocaba la trompeta, y esa misma noche lo deslumbró al tocar para él.

Durante una década, el régimen le permitió salir de gira con Gillespie, y en 1989 se integró a su United Nation Orchestra.

En julio de 1990, en plena gira europea, pidió asilo en la Embajada de Estados Unidos en Roma, acompañado por el propio trompetista afroamericano, mientras su esposa y su hijo hacían lo propio en Londres.

“Fue mi salvador en todo sentido (¦) No tengo cómo pagarle a ese hombre”.

¿Volver a Cuba?

Para explicar la actual situación de Cuba, donde la gente está “sin electricidad, comida, medicina ni esperanza”, Sandoval recurre a un chiste: Dos cubanos se encuentran en Miami y uno presume que la noche anterior habló con Dios por teléfono. El otro quiere saber si le preguntó cuándo podrán volver a la Isla. “Sí, fue lo último que le pregunté”, responde. “¿Y qué te dijo?”. “Me colgó”.

Desde que desertó en 1990, el trompetista no ha vuelto a tocar en la isla.

Pero, ¿lo hará algún día?

“La esperanza es lo último que se pierde”, responde, aunque de inmediato matiza: “Para mí sigue siendo una incógnita”.

Sandoval presentará Sangú en vivo en el Lunario del Auditorio Nacional (Paseo de la Reforma 50, Bosque de Chapultepec) este viernes 23 y sábado 24, a las 21:00 horas.

Lo acompañarán William Brahm, en la guitarra; Lisandro Pidre, en el piano; Maximilian Gerl, en el bajo; Daniel Feldman, en la batería; Otto Santana, en las percusiones, y Michael Tucker y Larry Bustamante en los saxofones, el primero tenor y el segundo barítono.