Staff/ El Mañana
En Santa Bárbara, Las Mercedes y Los Borregos, la vida diaria se volvió una carrera desgastante por conseguir unas cuantas gotas de agua. Mientras el presidente municipal repite que “no hay crisis”, los vecinos cargan cubetas, pagan pipas y ven sus tinacos vacíos como prueba contundente de lo contrario. La versión oficial habla de un pozo en reparación; la gente habla de días enteros sin una sola gota, de mañanas donde bañarse es un lujo y de noches donde la única opción es esperar, rezar y escuchar cómo las tuberías permanecen mudas.

Los recibos, en cambio, llegan puntuales. El cobro completo, la factura exacta, la exigencia de pago sin excusas. Los habitantes denuncian que la única agua que fluye con constancia en la capital es la que sale del bolsillo de quienes tienen que contratar pipas cada semana, gastando lo que no tienen para obtener lo que debería ser un derecho básico. El mensaje parece claro: el servicio falla, pero la caja de cobro nunca.
Vecinos relatan que las autoridades responden con la misma explicación que ya se volvió consigna: “todo está funcionando”. Pero en estas colonias, la realidad opera con brutal claridad. No hay agua para lavar, para cocinar, ni para lo esencial. Mientras desde el escritorio se insiste en que la ciudad no enfrenta crisis alguna, en las calles la gente reacciona, improvisa, sobrevive y observa cómo la negación oficial no llena tinacos ni resuelve nada.
La percepción ciudadana, dicen, es lo único que parece estar rebosante. El agua, esa sí, brilla por su ausencia.















