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TIEMPO EXTRA
La partida de Juan Manuel Sanabria al Real Salt Lake de la MLS marca el fin de una era para el Atlético de San Luis. Más allá de un simple traspaso, el movimiento del uruguayo, el capitán potosino prefirió la estructura y las facilidades de exportación de Estados Unidos por sobre el peso jerárquico del América, que lo buscó con insistencia.
La decisión de Sanabria, la respaldó con una cláusula de retorno a Europa, pone en tela de juicio el poder de seducción de la Liga MX frente a su vecino del norte. San Luis pierde a su referente moral y táctico, un jugador de 169 partidos y vocación ofensiva que se convirtió en seleccionado nacional bajo el mando de Marcelo Bielsa.
La directiva potosina asume un riesgo deportivo mayúsculo al desprenderse de su capitán para evitar que marchara libre al término de su contrato. Prefirió venderlo que apuntalar su plantel con su correspondiente tajada de billetes verdes, dejando claro que pretender ser un equipo ganador no está en sus planes.
Apuesta por un joven brasileño para cubrir el hueco, es también su nueva apuesta de comprar barato para vender caro el día de mañana.

Navegar en la mediocridad de la media tabla parece ser lo suyo, especular con el mercado de piernas, tarea no propia de una entidad deportiva con ADN ganador.
Su falta de proyecto serio para encarar la competencia es evidente. San Luis merece un equipo que sepa competir y ganar, para que su gran afición se sienta orgullosa. Pero, hoy tenemos directivos de pantalón largo e ideas cortas.
Las lágrimas de LeBron James en Cleveland no fueron de alegría, por el homenaje de los Cavs que desarmó al “Rey”, quien tras el llanto firmó su peor actuación en Ohio. Solo pudo marcar 11 puntos y una humillante derrota de 30 tantos. A sus 41 años, la nostalgia parece pesar más que su físico. Ver a LeBron cubrirse el rostro con el jersey es la imagen de un ciclo que se agota; un ídolo que, ante el rumor de su retiro, hoy luce más humano que nunca.















