LA PUERTA GIRATORIA VERDE

Política Sapiens

Octavio César Mendoza

Desde 2018, la oposición de México no ha dejado de sangrar. Personajes notables (y no tanto) van y vienen de partido en partido en una especie de salto de ratones entre las astillas de un naufragio. La mayor parte de estos curiosos animalitos no se cansaron de roer la quilla de aquellos poderosos buques que surcaban los inmensos mares de la democracia, aprovechando el buen clima institucional, hasta que hicieron agua.

Las acusaciones internas, los golpes de pecho, el desgarre de vestiduras y la estratégica queja de que en ningún partido de oposición se cuecen las habas de manera correcta y equitativa como para repartir las migajas del presupuesto y con eso atenuar el hambre, son las notas periodísticas generadas por los “líderes” despechados de cada institución política opositora a los partidos gobernantes.

La verdad, la pena que provocan con esos espectáculos se suple con la sabrosa atención que les ponemos quienes nos ocupamos de tratar de entender esto de las dinámicas del poder desde un punto de vista de espectador, siempre y cuando las palomitas no se nos quemen al fondo de la olla y no nos quedemos, somnolientos, con el aparato de comunicación celular a punto de rompernos la nariz.

Ante la cercanía de los vientos electorales y por la necesidad de asegurar el rumbo de su proyecto de nación, ese barco compuesto por tres capitanías políticas que se han logrado hacer con la mayoría de los espacios del servicio público y que se aprecia con buen engarce de millas náuticas hacia el 2027, todavía promete tener mucho espacio para terminar de rescatar a las víctimas de su propia ineptitud opositora.

Y así será, porque las mayorías también se alimentan de las minorías sin convicción, de los oportunistas, de los saltimbanquis, así como de todo aquel individuo que supone la sumatoria del todo en otras fuerzas, y que se cambian de chaleco con la misma alegría con la que se cobra un cheque. Por eso las alianzas visibles arropan a los nuevos integrantes en una especie de purificación mística.

¿Y por qué cito lo anterior? Por una razón aritmética esencial: las minorías que construyeron los partidos Verde y del Trabajo ya crecieron, ya gobiernan y pueden buscar mucho más de lo obtenido hasta la fecha, debido a que son capaces de atraer a quienes no dejan de tener un corazón opositor, y esto se ha mostrado a través de las negociaciones de la Reforma Electoral que el partido mayoritario requiere imponer.

Los movimientos pendulares de la política tienen antípodas entre las cuales tanto la izquierda como la derecha se redefinen. Y es curioso que al PVEM se le vea más cara de opositor de derecha que al PAN, ante la oportunidad que representa convertirse en la puerta giratoria de la democracia en el 2030, y por eso MORENA necesita actuar con mucha prudencia y no sentirse el Goliat de estos tiempos.

¿Que qué carambas significa eso? Que ante una eventual intencionalidad de partido único de Estado, el PVEM podría liderar a los antes opositores y a los aspirantes a opositores (como MC) hacia la Presidencia de la República. Eso, a mi parecer, podría ser inminente si al PVEM no se le conceden sus demandas de repartición de espacios de poder, incluyendo más gubernaturas, alcaldías, diputaciones, etc.

Si me llaman el loco porque el mundo es así, eso no interesa. Lo interesante es que entre más se acercan los tiempos de definición, más se ocupará de mentes capaces de pensar sin la cortapisa de lo ideológico y con absoluto pragmatismo. Las emocionalidades déjenselas a los que ya anunciaron sus indignadas salidas de los partidos políticos perdedores en la elección del 27.

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