Ana&Lisa
Este 10 de mayo, más que celebrar una figura aislada, celebramos la red invisible que hace posible el crecimiento. Celebramos a las abuelas que ofrecen calma, a las tías que brindan refugio, a las hermanas que abren camino y a todas aquellas figuras que, con su presencia, tejen un sistema de soporte indispensable. Hoy no solo honramos su amor, sino que exploramos, desde la psicología, por qué estas redes son el pilar fundamental que permite nuestra salud mental y por qué su existencia es, literalmente, lo que nos permite convertirnos en quienes somos.
Desde la Teoría del Apego de John Bowlby, entendemos que los seres humanos no estamos diseñados para vincularnos con una sola persona de forma exclusiva, sino para construir una jerarquía de apego. Aunque suele haber una figura central, nuestra estabilidad emocional depende de la solidez de esta red. Cuando contamos con diversas figuras que ejercen la función materna, desarrollamos lo que en psicología llamamos un Modelo Operativo Interno saludable. Este “mapa” mental nos permite crecer creyendo que el mundo es un lugar seguro y que, ante la crisis, siempre habrá una mano dispuesta a sostenernos.
Uno de los aportes más necesarios de estas redes es la coregulación emocional. El sistema nervioso de un niño (e incluso el de un adulto bajo mucho estrés) no siempre puede calmarse por sí solo; necesita del sistema nervioso de otro que esté en equilibrio. Cuando la madre biológica llega a su límite algo natural ante la demanda de la crianza, la intervención de una abuela o una tía permite que el proceso de regulación continúe. Esta “tribu” actúa como un amortiguador del estrés, evitando el colapso del sistema familiar y fomentando una mayor resiliencia en todos sus miembros.
Asimismo, el concepto del “Ambiente de Sostén” (Holding Environment) de Donald Winnicott nos recuerda que para que alguien pueda cuidar, primero debe sentirse cuidado. Estas redes de apoyo no solo benefician a quien recibe el afecto, sino que protegen a la madre de la fatiga extrema y el aislamiento. Al entender que maternar es una función y no solo un rol biológico, validamos la labor de todas esas mujeres que nutren, guían y protegen desde diferentes rincones de nuestra vida.
Honrar a nuestra red de apoyo este domingo es reconocer que la seguridad emocional no es un logro individual, sino un fruto colectivo. Al final, lo que celebramos es ese ecosistema de cuidado donde el amor se multiplica y nos recuerda que nadie tiene por qué transitar el camino de la vida en soledad.















