El Separador
Vivir en la ciudad convierte al campo en un destino educativo. Para algunos resulta en incomodidades poco soportables, una de ellas, ser la escuela a la que se asiste cuando ya salimos de vacaciones. Pasar una temporada en ese espacio geográfico lejos de los límites urbanos y con tan poquita gente -hasta los nombres y las caras se conocen-, pone también en entredicho las cosas que se enseñan en las áulas: los animalitos no lucen igual que en los libros; los colores y sabores de los frutos tienen más luz y precio no es lo mismo que valor.
Un ya-casi-llegamos cobra sentido cuando la carretera empieza a oler a estiércol; desde la ventana del auto todo parece un tapete o una cobija según lo accidentado del terreno.
Atrás de esos cerros, ese lugar aislado que siempre vemos color verde, -pues lo visitamos en verano- es un retiro físico, emocional y espiritual para quienes vivimos entre avenidas y puentes de hormigón.
Para regalarnos un fragmento del verano rural, Carla Simón realizó un casting entre pobladores agrícolas de la provincia de Lleida y construyó a los Solé, una familia que lleva generaciones cultivando melocotones e higos alrededor de su casa.
A la película de 2022 la llamó Alcarrás, como la localidad de no más de diez mil habitantes y a los personajes los convirtió en actores. Jordi Pujol, por ejemplo, comparte nombre con quien fuera Presidente de la Generalitat de Cataluña por dos décadas; así de chiquito es el mundo.
Para entender las palabras de niños, adultos y ancianos catalanes, se necesitan subtítulos; pero cuando sus miradas son las que hablan, lo único que necesitamos es tener un Kleenex a la mano. Y es que Alcarrás es una cinta de pocas palabras que transcurre al ritmo cotidiano de una familia; despacito, con la dignidad que no pierde el sentido del juego, con un patriarca frágil que por ello, conmueve.
Carla Simón habla de los tratos hechos de palabra y apretón de manos, de la luz de la inocencia que ningún panel solar puede captar. No hay mejor directora de niños que ella. En dos horas el espectador-vacacionista en el campo no volteará al futuro como el lamentable regreso al asfalto y al progreso; recordará que entre el mar y la montaña rural de México o Europa los tapetes verdes suelen florecer en verano.















