TRAS BAMBALINAS
por Juan de la Plaza
El alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos sigue adelantando sus pasos rumbo a la gubernatura, fue el actor principal en un evento panista con un discurso confuso, con evidentes contradicciones y marcado por la distancia existente entre sus promesas futuras y los resultados obtenidos durante casi cinco años al frente del ayuntamiento; su mensaje, orientado a presentar una visión crítica y un cambio para San Luis Potosí, terminó exhibiendo las mismas carencias que persisten en la ciudad que gobierna con serias deficiencias en los servicios públicos y problemas crecientes como la inseguridad, calles intransitables por tanto bache, ambulantaje y desabasto de agua.
Durante sus intervenciones públicas recientes, Galindo ha señalado problemas relacionados con la inseguridad, la movilidad, el deterioro urbano y la insuficiencia de diversos servicios públicos, lo que se interpreta como una crítica a su propia gestión, quizá las prisas, la improvisación y la falta de una asesoría bien formulada, le hace caer en estos yerros discursivos.
La contradicción se vuelve más evidente al considerar que el alcalde Galindo no se encuentra al final de un breve periodo de gobierno, sino que ha encabezado la administración municipal durante un lapso prolongado, al grado de haber obtenido la reelección y cumplirá un sexenio en el poder, el resultado tangible no es el esperado, es una ciudad precarizada y que dista mucha de la que presenta la propaganda; ha contado con tiempo suficiente para implementar políticas públicas, corregir errores y consolidar proyectos que permitieran mejorar las condiciones de vida de la población capitalina, los pasivos configuran una realidad que no se puede alterar.
A pesar de los anuncios, estrategias y campañas institucionales, la percepción ciudadana sigue reflejando preocupación por delitos patrimoniales, hechos de violencia y una sensación de vulnerabilidad en distintas zonas del municipio. Frente a este panorama, resulta inevitable que la ciudadanía cuestione cómo puede prometer soluciones estatales quien aún enfrenta dificultades para resolver los problemas de la capital.
A ello se suma el malestar recurrente por la calidad de los servicios municipales; las quejas por el estado de las calles, el equipamiento urbano, el alumbrado público y otros servicios básicos forman parte de una agenda permanente de reclamos vecinales y la falta de sanciones a las infracciones cívicas, la circulación de bicicletas en plazas y calzadas, puestos de golosinas y fritangas sobre céntricas banquetas que obligan al peatón a bajarse a la calle.
Por ello el discurso de aspiraciones futuras y de mayor responsabilidad corre el riesgo de ser percibido como un ejercicio de promoción política más que como una propuesta respaldada por resultados verificables, si no puedes con lo menos, con lo más será imposible, parafraseando la máxima jurídica.
La narrativa de campaña anticipada ha provocado que descuide la ciudad y cuando un gobernante promete hacer en el futuro aquello que no ha logrado concretar en el cargo que actualmente desempeña, surge la duda sobre la viabilidad y sinceridad de sus planteamientos; los electores suelen evaluar no sólo las palabras de los aspirantes, sino también su historial administrativo, sus decisiones y resultados demostrados en los cargos previos; Galindo se coloca bajo el escrutinio público y el balance de su gestión municipal no le resulta favorable.















