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TRAS BAMBALINAS
por Juan de la Plaza
La visita de Claudia Sheinbaum terminó siendo muy incómoda para el alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos, quien buscó hacerse visible, quiso atraer los reflectores y la atención presidencial, pero terminó lejos del presídium y de los espacios preferenciales, confinado en el área general con los servidores de la nación.
Sobraron las razones presidenciales para no permitir el protagonismo político de Galindo en un escenario del gobierno federal en la casa del gallardismo: el ahora alcalde del PRIAN fue el brazo represor del gobierno de Peña Nieto, bajo su mando la Policía Federal cometió abusos, infamias, golpizas, desalojos, detenciones y ejecuciones extrajudiciales, hechos documentados por la CNDH y por los que fue cesado de manera fulminante el 29 de agosto de 2016, y esa fecha también fue la tumba política de su jefe directo: Miguel Ángel Osorio Chong.
Morena debe tener memoria del papel que jugó Galindo Ceballos como comisario de la PF (que seguía bajo el control moral de Genaro García Luna), ordenó la represión a los maestros democráticos que resistían en plantón en contra de la reforma educativa en el Zócalo de la Ciudad de México; cada año convoca a una foro con fachada de proveeduría en contra de Morena y la 4T con figuras destacadas de la derecha, su último invitado estelar fue Vicente Fox.
La dirigente Rita Ozalia Rodríguez se podrá emocionar con Galindo hasta el paroxismo, pero desde el entorno presidencial no apareció ningún gesto que pudiera interpretarse como un espaldarazo a sus aspiraciones; además Galindo ya está participando en los procesos internos del PAN y PRI, no ha dado ninguna muestra de ruptura o una declaración sobre un viraje político, lo que está claro, con sus coqueteos con Morena, es la burla hacia los dirigentes nacionales y estatales de los partidos que lo llevaron al poder municipal.
Si Morena en verdad postula el humanismo mexicano como dice, no deberíamos estar hablando de la posibilidad de que Galindo pueda ser su candidado a la gubernatura, es un político formado en las estructuras del viejo régimen priista y su paso al frente de la Policía Federal quedó marcado de por vida.
Morena no puede olvidar el caso de Tanhuato, Michoacán, donde la CNDH acreditó graves violaciones a los derechos humanos atribuibles a elementos de la PF: uso excesivo de la fuerza, ejecución arbitraria de 22 civiles, tortura, tratos crueles y manipulación del lugar de los hechos. La Recomendación por Violaciones Graves (4VG/2016), constituye un documento oficial que Morena difícilmente podría borrar de la biografía política de quien eventualmente pretendiera convertir en su candidato.
Otros casos fueron Apatzingán y Nochixtlán, quedaron igualmente asociados al debate nacional sobre el uso de la fuerza y las violaciones a derechos humanos de parte de Galindo; sería una paradoja que Morena, a falta de un cuadro propio, postulara a uno de los principales mandos policiales del peñismo cuando la narrativa del movimiento durante años se construyó en buena parte denunciando los excesos del viejo régimen.
Hay otro expediente que Galindo tiene que aclarar antes de aspirar a vestirse de guinda: durante años han circulado publicaciones que aseguran que tuvo resultados adversos en evaluaciones de control y confianza, lo cual nunca ha aclarado, prefiere el silencio, la oscuridad antes que la verdad y el esclarecimiento de las sombras que lo persiguen.













