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- Aun con la indignación social, Maribel Lemoine y Gaspar Méndez se mantuvieron como los únicos defensores.
Staff/El Mañana
La sesión del cabildo de Villa de Pozos dejó una escena clara: la mayoría entendió que el bono navideño era indefendible… excepto dos concejales que parecían empeñados en convertirse en antagonistas de su propia historia. Maribel Lemoine y Gaspar Méndez no solo mantuvieron su postura a favor del recurso, sino que lo justificaron con convicción, aun cuando el resto del municipio ya mostraba su molestia.
Mientras sus compañeros retrocedían al sentir el calor de la opinión pública, Lemoine y Méndez actuaron como si la indignación ciudadana fuera un simple ruido de fondo. Hablaron de “compensación”, de “reconocimiento al trabajo”, y de cualquier término que les permitiera maquillar la intención original: quedarse con un bono pagado con dinero público, en plena crisis económica y a espaldas de quienes representan.

El contraste fue inevitable. Mientras el Cabildo buscaba recomponer la narrativa, ellos dos se sostuvieron como protagonistas involuntarios, aferrados a un beneficio que, desde el inicio, la población consideró injustificado. Su persistencia no solo los dejó aislados, sino exhibidos ante un municipio que exige congruencia, no gratificaciones disfrazadas de mérito.
Al final, el bono se cayó, pero quedó claro quiénes estaban dispuestos a defenderlo incluso cuando la razón y la prudencia ya habían abandonado la sala. La ciudadanía no olvidará que, en esta historia, los villanos no fueron producto de la imaginación: tuvieron nombre, apellido y voto.















