Por Joseph Malone de la Paz
Columnas atrás, Joseph Malone de la Paz habló del elefante blanco en que se están convirtiendo el Museo del Ferrocarril y el Museo del Virreinato por falta de gestión autónoma e institucional de nuevos proyectos que permitan atraer visitantes. Hoy, Malone les hablará de otro elefante: el centro cultural Mariano Jiménez.
Muchos conocen la gran faceta de Alfredo Narváez como dibujante y cartonista crítico del periódico Pulso, pero pocos saben que también es un burocráta de semana inglesa de 8 a 3 de la tarde y que en ese recinto, a su cargo, no se paran ni las moscas.
Los cartones del “Pingo” son tan brillantes como su ausencia en su oficina. El Centro Cultural está más apagado que el Nevado de Toluca. Bajo su dirección, hace años que el Mariano Jiménez dejó de realizar actividades para la comunidad potosina.
Nunca está en su oficina, solo dos secretarias taciturnas esperando que sean las 14:59 horas para bajarse del elefantote y escapar.
Dése una vuelta de lunes a viernes, llévele una felicitación por sus excelsos cartones o reclámele por ganar 30 mil pesos mensuales sin presentarse a trabajar. O, mejor aún, llévele un proyecto cultural, una noche de cine, una exposición de pintura, una lectura grupal y verá que no lo encuentra.
En el centro cultural Mariano Jiménez, el director no es dibujante, es una caricatura de sí mismo.
Otra caricutura es el “genio” de la comunicación, la “vaca sagrada del periodismo” potosino y deudor alimentario a la vez, es el nuevo burócrata fatal Juan Carlos Ortiz, al que solo le gusta cobrar (sin trabajar), para él, el secretario de cultura Mario García ya le tiene un puesto en un área escondida de la dependencia para que no lo detecten y ¿adivine cual será su responsabilidad? Decidir quien gana en certámenes como el 20 de noviembre, el premio “Dr. Luis Bruno Ruiz”, del festival Lila López -corrompido la última edición por Antonio de Rabinal Gamboa López-, entre otros concursos en los que el “gurú de los medios” decidirá desde la comodidad del sofá roído de su departamento.
A Joseph se le acabó el espacio, los espera la semana próxima con más relatos espeluznantes del tristemente célebre mundillo culturulero de San Luis.
Pd.-La oficina de comunicación de la secetaría de cultura se convirtió en una agencia de invesigación privada que, en complicidad con los becadependientes, trata de saber quién los toca con la tinta de mi pluma…
















