Poco antes de que Ricardo Gallardo Cardona ganara la elección a gobernador por contumacia, su oponente de la derecha, el cero carismático Octavio Pedroza Gaitán, aparecía en anuncios de TV junto a su compadre Enrique Galindo, pidiendo no que votaran por él sino que no votaran por el pollo. Su indigestión, motivada por esa mala campaña que lo llevó a la derrota, dejó sin embargo un concepto que se instaló en el ideario popular: “el combo” de candidatos alcalde-gobernador. En ese ya lejano 2021, la hamburguesa Pedroza perdió la gubernatura y la papa frita Galindo ganó la Alcaldía.
Hoy, la inminencia de los tiempos electorales adelantados por las ansias de todos los partidos nos lleva a pensar en quiénes formarán los “combos” del 27. Si atendemos a la etimología, siendo un “combo” la contracción de “combinación”, podemos deducir posibles fórmulas ganadoras y perdedoras. Pero abordemos seriamente la polaca.
Se dice que para ganar la gubernatura de este San Luis Potosí sin límites hay que ganar la Huasteca y la Capital a la par; quizá sea cierto, pero lo es más que la siguiente elección es un volado y aún no hay nada para nadie, por muy adelantados que anden los caballos y sus apostadores.
La semana pasada hablaba un servidor acerca del azar, de la incertidumbre, y algunos de mis pocos lectores me sugirieron hacer un careo entre las corcholatas aspirantes al power, lo cual resultó un ejercicio demoscópico muy interesante. Levanté 200 opiniones entre expertos, amigos y parientes. Un ejercicio muy sui generis asaz que lúdico, pues ahí me enteré que Morena arrasa si va sin candidata o candidato. En fin.
También supe que Ruth le gana a Rosa por dos a uno; pero que Gerardo le desequilibra la Huasteca a Ruth. Y observé que Galindo pierde tres a uno si se atreve a escuchar el canto de las sirenas guindas, y sólo es competitivo por el PRIAN si esta alianza tiene un candidato fuerte en la Capital. El crecimiento de Gerardo es, en parte, provocado por el machismo recalcitrante de buena parte de la sociedad potosina y, curiosamente, el impulso de Ruth —producto del Gobierno exitoso de Ricardo— genera sentimiento antigallardista entre los apostadores del joven de Tanquián, porque Galindo no es conocido en aquellos lares. Por cierto: el PRIAN no tendría gallo ni gallina si sus candidatos fuesen Rubén o Verónica: Ruth les gana cuatro a uno.
Lo que descubrí después fue lo más llamativo de este estudio: el triunfo no sólo depende de quienes buscan la gubernatura, sino de quienes acompañen a las y los candidatos a la silla mayor en la apuesta por la silla menor de la capirucha.
Veamos, dijo el ciego: la dupla más competitiva del Verde sería Ruth-Juan Carlos. Por Morena, Gerardo-Cuauhtli. Y por el PRIAN, Galindo-Marcelo.
No pongan cara de what: el apellido de los Santos pega fuerte en la Capital, lo mismo que Valladares; y Cuauhtli se cuela porque es, como Gerardo, joven. Por divertimento se incluyó a cierto comunicador como “combo” del joven de Tanquián, y resulta peor candidato que Leonel o Gabino: Rubén le ganaría dos a uno, y Marcelo Jr ¡6 a 1!
Así que, aparte de pensar quién va para la grande, hay que observar quién va para la pequeña, y las otras de cuño menor pero valor significativo en las cuatro regiones del Estado.
Ya no hay candidatos como el pollo, que brillaban solos, y por más músculo que exhiban, los entusiasmos del votante no andan por las nubes. La del 27, en este San Luis de las Tunas, sería una elección que apenas levantaría de su cama al 37 por ciento del padrón electoral; el otro 63 preferiría ver la final del mundial de fútbol.
Por cierto: el 40 por ciento de los encuestados piensa que Argentina repite, otro 40 apuesta por Portugal, y el 20 restante quisiera que ganara uno de los de siempre, como Brasil, Alemania o Italia. Ah, y entre los expertos hay un caballo negro, que dice que no quiere pero es el único que sabe y puede.
Se deja este ítem de tarea. Formen grupos de tres.
















