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Política Sapiens
Octavio César Mendoza
El gran adversario de Morena para el 2030, es Morena. Su monopolio institucional, basado en la aprobación de un país que valora más el dinero que reciben adultos mayores, jóvenes, madres solteras, personas con discapacidad, etcétera, sólo es discutible en unas cuantas islas de resistencia partidista.
Dicha condición presenta un riesgo estructural. A diferencia del PRI monolítico y disciplinado, donde la voluntad suprema era del caudillo en turno convertido en presidente y de sus terratenientes estatales, hoy dentro de Morena se han creado dos frentes por el control del poder.
Como en todo convencionalismo político, cuando se ejercen recursos económicos, territoriales y humanos, se forman bandos por supervivencia, y Morena no es la excepción. En esta nueva versión de “dictadura perfecta”, como llamó Vargas Llosa al PRI, brotó una evidente confrontación.
Tiene que ver con el desgaste de Claudia Sheinbaum como centro de mando del movimiento iniciado por López Obrador, y con el resurgimiento de éste como gran tlatoani; por eso los conservadores son, paradójicamente, los radicales, mientras los liberales son los pragmáticos.
Los primeros apuestan por la herencia de la casta divina convertida en poder público, Andy López Beltrán; los segundos observan la posibilidad de que Omar García Harfuch cuente con la simpatía del electorado, la empatía de la derecha alicaída de México y la venia de los Estados Unidos.
Los sucesos recientes motivaron a ambos bandos a apropiarse del momentum para construir una narrativa “presidencial” de sus figuras. Pero he aquí los cuestionamientos comedidamente ingenuos de quien esto escribe.
¿Será que el discurso de la defensa de la soberanía resultará contraproducente a los intereses de Andy (y de su padre, para no darle vueltas al tema) si la misma sociedad que recibe el numerario o estipendio se niega a izar esa desgastada bandera sin tener claro quién es el Masiosare, o pensando que los Niños Héroes sí tenían razones válidas para lanzarse al vacío?
¿Será que las negociaciones de los pragmáticos como el secretario de Seguridad, o la necesidad de la mismísima presidenta de salvar su sexenio de los ardores expansionistas de los gringos y la amenaza de debacle económica, obliguen a buscar un acuerdo nacional de sucesión, ahí sí, por el bien de todos?
Hay un teatro de sombras que los mortales como su servilleta no comprendemos del todo, orquestado por grupos de Morena; pero parafraseando al buen J. Carmen García: las ideologías pueden separar a los individuos, pero el presupuesto los terminará uniendo, porque las mieles del poder son más dulces si se cubren con la miel del fuero.
La oposición no tendría más opción que admitir una nueva era de “concertacesiones” para no desaparecer del mapa, pues Morena necesita a los otros partidos para negociar un futuro institucional común; capacidad que sólo parece tener el frente “liberal” encabezado por el mandamás de la seguridad de México.
Contrario sensu, si resulta más fuerte el bando radical, no pocos especialistas advierten un riesgo de colapso para el país por la animadversión de nuestro principal soporte económico: los Estados Unidos de América. Estos son los peores tiempos para ser anti-yanqui o pro castrista.
Recomiendo seguir de cerca este concierto de orquestas encontradas para comprender qué ritmo toca cada una y cómo los dueños de la batuta se colocan frente a frente e impactan en el ámbito micro local, como San Luis Potosí, donde el Gobernador puede salir ganando mucho más de lo que imaginan sus malquerientes.
Pero de eso hablaremos en un siguiente espacio, pasando los movimientos telúricos de la FENAPO.














