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En la escena sonidera había tres artistas con el mismo nombre, cada uno con su estilo y recorrido. Uno descansa en paz.
Fotos: Redes sociales
CDMX.- En el mundo de los sonideros el apodo de “Medio Metro” se volvió todo un fenómeno: pega en redes, bailes y pistas de cumbia, pero también causó confusión cuando uno de sus portadores falleció. Se trata de un caso con mezcla de ritmo, identidad popular y tragedia.
Desde hace años, en el ambiente del baile sonidero mexicano, “Medio Metro” no es solo una persona: es un personaje.
El pasado 20 de octubre de 2025, el nombre se tornó sombrío: Francisco Pineda Pérez, quien se presentaba como “Medio Metro Original”, fue hallado sin vida, con una herida en la cabeza, en un canal de agua de la junta auxiliar San Sebastián de Aparicio.
¿Quiénes son los otros “Medio Metro”?
- José Eduardo Rodríguez Anguiano, originario de Guanajuato, es uno de los más conocidos por ese apodo: saltó a la fama en 2023 con el grupo Sonido Pirata, viralizó pasos de baile como “La Chaquetita” y registró legalmente el nombre “Medio Metro” ante el IMPI e INDAUTOR.
- Jonathan Uriel, de la Ciudad de México, tomó el lugar dentro de Sonido Pirata tras la salida de José Eduardo. Aunque no cuenta con el registro del nombre, tiene presencia fuerte en redes bajo esa etiqueta.
- Francisco Pineda Pérez, “Medio Metro de Puebla”, empezó su camino en 2004 con el grupo Kiss Sound en el Barrio El Alto de Puebla. Era quizá el más clásico: sin disfraces, sin grandes aparatos, solo baile y presencia local. Su muerte encendió el debate sobre identidad, legado y usos del nombre.
¿Por qué importa este asunto?
Porque cuando un nombre se vuelve marca -como lo fue “Medio Metro”- surgen preguntas: ¿Quién es el original? ¿Quién tiene derecho al nombre? Pero también, porque detrás del ritmo, las luces y los pasos virales, hay historias de región, de cultura popular, que merecen respeto. La muerte de Pineda Pérez pone en relieve ese mundo de fiestas, bailes y comunidad que pocas veces se analiza.
Este caso demuestra que en la cultura sonidera mucho más que el ritmo se mueve: también hay nombres, historias y comunidades que exigen verse, respetarse y entenderse.















