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Los muertos regresaron a La Subida

  • En este lugar el Día de los Difuntos no es tristeza, es de reencuentro

Fotos: especial

CIUDAD VALLES.- El Ejido La Subida, en Ciudad Valles, se llenó de vida… y de muertos. Este sábado, las comunidades indígenas celebraron su ritual tradicional del Día de Muertos, un encuentro donde los vivos abren el corazón —y el camino— para recibir a quienes ya cruzaron al otro lado.

En La Subida, la tradición indígena volvió a unir a los vivos con sus muertos en un ritual lleno de color y fe.

Organizado por la Unidad Especializada para la Atención de los Pueblos y Comunidades Indígenas, a cargo de Liveriana Hernández Pérez y José Santos Martínez Hernández, el evento tuvo como escenario la Escuela Primaria Ignacio Zaragoza, que por un día se convirtió en el punto donde la nostalgia se mezcló con el humo del copal y los cantos ancestrales.

Porque aquí, en la Huasteca, el Día de Muertos no es tristeza, es reencuentro. Las almas regresan para sentarse un rato con los suyos, probar el pan que tanto les gustaba, sentir el perfume del cempasúchil y escuchar cómo los niños aún pronuncian su nombre.

El programa incluyó procesiones, danzas, música tradicional, leyendas y comparsas, todo bajo la mirada atenta de los abuelos y las nuevas generaciones. En cada paso, en cada golpe de tambor, se reafirmó la fuerza de una cultura que se niega a dejar de existir.

Danzas, música y leyendas revivieron la esencia ancestral del Día de Muertos en Ciudad Valles.

Durante la ceremonia, se recordó que en la cosmovisión indígena, los muertos no se van del todo; simplemente cambian de lugar. Por eso, los pueblos de la Huasteca siguen preparando altares, encendiendo velas y bailando entre la vida y la muerte… porque aquí, el olvido sí es un pecado, y el recuerdo es el más puro de los rezos.

Al evento asistieron autoridades municipales, culturales y comunitarias, entre ellas representantes del Ayuntamiento de Ciudad Valles, del INDEPI, del Museo Regional Huasteco y de la radio XEANT, quienes coincidieron en un mismo mensaje: mantener viva la memoria es mantener viva la identidad.

Así, entre copal, cantos y sones huastecos, La Subida se convirtió en ese puente simbólico donde los muertos y los vivos comparten el mismo aire, aunque sea solo por una noche.

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