Staff / El Mañana
Mientras en el ayuntamiento presumen obras y discursos optimistas, en la colonia Simón Díaz la realidad huele… y bastante mal. Desde hace más de 15 días, un brote de aguas negras invade la calle Paulino Urióstegui, justo en la esquina donde Carlos N, maestro tapicero, intenta ganarse la vida entre olores que harían huir hasta al más valiente.
El problema, denuncia, es sencillo de explicar pero parece imposible de resolver para el Interapas: el drenaje está tapado y las aguas residuales corren libremente por la calle, dejando un perfume fétido que convierte cada jornada laboral en una prueba de resistencia.
“Ni modo, hay que trabajar”, comenta resignado el tapicero, quien asegura que el olor es tan fuerte que por momentos resulta insoportable, pero cerrar el taller no es opción cuando el sustento depende de cada cliente que llega.

Como si el espectáculo sanitario no fuera suficiente, los vecinos también padecen otra vieja promesa municipal: la pavimentación de la calle Camino Real a Guanajuato. Cada vez que llueve, la vialidad se vuelve prácticamente intransitable, entre lodo, baches y agua acumulada.
Los habitantes dicen llevar años solicitando atención a las autoridades municipales, pero las respuestas brillan por su ausencia. Carlos N lo resume con ironía: mientras en la colonia conviven con aguas negras, “el alcalde viajero Galindo parece más ocupado en otros asuntos que en resolver lo que pasa en las calles”.
Así, entre drenajes reventados, promesas viejas y un olor que no se va, los vecinos siguen esperando que algún día el gobierno municipal también se dé una vuelta… pero por su colonia.













