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Staff / El Mañana
La asociación Eco Huellas alertó que el abandono y las agresiones no paran en el municipio; la gente denuncia en redes pero nadie quiere denunciar ante el Ministerio Público.
Por más campañas de esterilización y pláticas que se hacen en la región, parece que a mucha gente en Tamazunchale le vale gorro la vida de los seres indefensos.
La presidenta del colectivo Eco Huellas, Bernarda González, destapó una triste realidad: el maltrato hacia las mascotas va para arriba de forma alarmante, registrándose desde casos de envenenamiento masivo hasta perversiones salvajes como la zoofilia.
La activista platicó que desde que amanece hasta que cae la noche, su teléfono no para de sonar con reportes de perros y gatos dejados a su suerte en las calles.
Lo peor del caso es que la sociedad piensa que es obligación de la asociación rescatar a todos, cuando la responsabilidad de cuidar a los animales es de toda la comunidad en general.
Entre las historias más desgarradoras que han documentado se encuentra la de una perrita en el Barrio San José, a la cual sus dueños le amarraron el hocico con un cincho de plástico para dejarla morir de hambre y sed.
Aunque una vecina la salvó y las autoridades le cobraron una multa de apenas 500 pesos a los responsables, el animalito terminó siendo devuelto a los mismos agresores.
En Xaltipa ocurrió otra tragedia, donde tuvieron que dormir a una perra invadida por el gusano barrenador para evitar que sus propios amos la enterraran viva.
La líder de Eco Huellas detalló que ya van al menos siete casos de canes infectados con esta peligrosa plaga en la zona.
Además, reveló que tienen detectados cuatro casos de zoofilia, pero que desgraciadamente no procedieron legalmente porque los agresores eran un anciano de 80 años, un indigente alcohólico y drogadictos que por su condición no pueden ser procesados.
La activista lamentó que la ciudadanía use el internet para quejarse de la violencia animal, pero a la hora de la verdad nadie quiere acudir a la Fiscalía a levantar una denuncia formal ni darles asilo a los lomitos heridos.















