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Hace poco un escándalo invadió cinco minutos las redes: una madre confrontó a un profesor sustituto por pedir a los alumnos un croquis de su casa a la escuela. La madre usó un teléfono para grabar su discusión con el maestro y el director, y la subió a las redes. El maestro publicó un video con su versión de los hechos.
Este caso es una instantánea que refleja la relación de la sociedad mexicana con la tecnología y nuestro entorno.
Estoy seguro que muchos lectores Millennials y Gen-X hicieron su croquis en primaria; en algunas escuelas era de cajón. Orientarse en la calle es una habilidad básica, aun con Google Maps, pero en este ambiente, y especialmente para la generación que creció en la ola de violencia de hace unos años en Veracruz como la madre de la estudiante, sospechar es instintivo, incluso vital.
El teléfono: espejo, espada y escudo
En estos tiempos tenemos una ventana a las vidas de más personas de las que quisiéramos y un estrado para nuestros quince minutos. Pero también es un arma. Con unos segundos de video, una acusación ante el jurado de la opinión pública puede destruir una reputación sin juez ni defensa.
Sin embargo, el exabrupto de la señora no es en vano. Vivimos en una era peligrosa, lo sabemos de sobra. Historias de bullying, abusos escolares, tiroteos y levantones no calman la ansiedad cuando el bienestar de los menores está en juego. El teléfono es un placebo de seguridad para los padres.
En cierto modo, la relación de poder es tan dispareja pero con tantas aristas que se equilibra. Crea una “transparencia” tóxica donde todos, desde autoridades hasta infantes, se apuntan con los ojos del mundo unos a otros. El prójimo se vuelve enemigo sin cruzar palabra .
Pero el aparato sólo intensifica las rupturas y carencias de nuestra sociedad, no las crea. Esas las hemos cargado por décadas, algunas desde el pasado lejano. Tenemos que empezar a enmendarlas de algún modo, el mundo no nos va a esperar. Queramos o no, apenas entramos a la era de la Inteligencia Artificial, y si no aprendemos a controlar la tecnología, nos va a seguir controlando a nosotros.

















