Maquillan grave crisis ambiental en Matehuala

  • Basura invade terrenos por falta de control.

Staff/El Mañana

Bajo el argumento de una supuesta modernización, el gobierno de Raúl Ortega Rodríguez inició trabajos de nivelación y despalme en el área de pepena del relleno sanitario. Lo que la autoridad promociona como un avance, en realidad es el reconocimiento tácito del abandono sistemático que ha sufrido este espacio crítico para la salud pública.

​Las maniobras actuales no representan una innovación, sino la ejecución tardía de tareas de mantenimiento que, por ley, debieron ser permanentes. Esta reacción gubernamental deja al descubierto meses de omisiones que pudieron derivar en riesgos sanitarios severos para los trabajadores y los habitantes de las zonas aledañas.

​Aunque el discurso oficial presume alineación con la NOM-083-SEMARNAT-2003, la realidad en el terreno contradice la narrativa estatal. La falta de claridad sobre si estos trabajos responden a un requerimiento de la Semarnat sugiere que el municipio actúa bajo presión y no por una política de responsabilidad ambiental.

​El cumplimiento de la normativa federal es, hasta ahora, una simulación. Las imágenes del sitio revelan un cercado perimetral poroso e inútil, que dista mucho de ser la barrera efectiva que exige la ley para evitar la dispersión de contaminantes y el control de acceso al recinto.

​En una región como el Altiplano, donde las ráfagas de viento son una constante, la infraestructura actual es una negligencia técnica. Una malla con aberturas amplias no solo es ineficiente contra la basura volátil, sino que permite el libre tránsito de fauna nociva, rompiendo cualquier protocolo de bioseguridad.

​La ausencia de una caseta de vigilancia y de sistemas de pesaje confirma que el control operativo es inexistente. Sin estas herramientas, el ayuntamiento carece de datos reales sobre el volumen de desechos, lo que convierte la gestión del relleno en un ejercicio de improvisación administrativa.

​A esto se suma la opacidad respecto a la cobertura diaria de residuos y el manejo de lixiviados. Estas omisiones técnicas son las que transforman un relleno sanitario en un foco de infección abierto, independientemente de qué tan “nivelado” luzca el suelo ante las cámaras oficiales.

​La intervención se percibe más como una campaña de imagen que como una solución técnica de fondo. Al limitarse a movimientos de tierra superficiales, la administración de Ortega Rodríguez posterga la resolución de una crisis ambiental que requiere inversión estructural y no solo mantenimiento básico.

La rehabilitación anunciada queda reducida a un paliativo ante las crecientes exigencias ambientales. El próximo paso crítico será la evaluación de las autoridades federales, quienes determinarán si Matehuala sigue operando en la ilegalidad ambiental bajo el disfraz de una mejora operativa.

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