El Separador
No descubrí a Sylvester Stallone en Rocky, sino en una película que vi con mi papá en alguna sala de la zona. Sly, de cara y voz asimétrica, actuaba como el portero de un equipo maltrecho de prisioneros aliados. En un juego de exhibición contra jugadores alemanes bien alimentados, lo que pudo quedar en “cascarita” se convirtió en una clase de honorabilidad que nos puso de pie en 1981.
Michael Caine, director técnico profesional en Inglaterra antes de los zepelines, siempre me recordará a mi jefe; aparecen también el rey Pelé, Osvaldo Ardiles y uno que otro morenazo de piernas ágiles. Ambos gritamos más en Escape a la Victoria que un América-Pumas en el Estadio Olímpico C.U, sin la menor idea de los campos de la segunda guerra mundial o la rivalidad entre las potencias del planeta.
La posibilidad de huir de la situación de prisioneros mediante un túnel que conectaba los baños de los vestidores con la libertad y el valor de regresar al segundo tiempo, fue la victoria de los muy aficionados y los no tanto.
Mi corazón considera a la cinta de John Huston como a la única pambolera. Rudo y Cursi, by The Tres Amigos, no cuenta.
Con los años entendí aquel postulado sobre el futbol: un juego entre dos equipos de once jugadores cada uno en que al final, siempre gana Alemania. La frase va más o menos así.
Don Felipe intentó con poco éxito que jugara en un equipo de la liga de Ciudad Satélite. Domingos de uniforme, tacos, calentamiento y un grito de ár-bi-tro-ven-di-do; el chance de sacarme los mocos mientras corríamos en bolita hacia donde fuera el balón en un campo llanero. La media naranja -como mi papá- después de un juego que normalmente perdíamos y apretón de mano a chamacos de equipos más disciplinados como el Atlético Español o el Colo Colo.
El jueves me puse “la verde” uniforme oficial para conmemorar mi condición de villamelón cuando juega el Tri y con el ánimo que nuestros muchachos suban el nombre del país unos escaloncitos, grité fuerte el coro prohibido.
Que pañuelos blancos o los colores lila de mi tierra Axolotitlán ondeen al ritmo de chiqui-ti-bum, me da lo mismo. Tengo ilusión que México no desista y que los televidentes disfrutemos el trimundial de fut como aquel niño que veía el color justicia de las canchas verdes de la mano de su papá.















