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Desde la banqueta
Ericka Segura.
Dice el viejo refrán que “querer es poder”. En política, la frase suele traducirse de otra manera, cuando existe voluntad para resolver un problema, aparecen las obras; cuando no, abundan las justificaciones. Las lluvias de este año volvieron a demostrar que San Luis Potosí necesita menos explicaciones y más resultados.
Mientras el alcalde Enrique Galindo insiste en que Interapas carece de recursos para modernizar una red hidráulica rebasada por el crecimiento de la ciudad, el gobernador Ricardo Gallardo presentó una obra que busca atacar uno de los puntos más críticos de inundación en la zona poniente, un colector que conducirá el agua de la Glorieta de la Familia hasta el Parque Tangamanga para evitar encharcamientos y, además, reutilizar el recurso. Se podrá estar de acuerdo o no con el proyecto, pero el mensaje político es claro, frente a un problema, una obra; no un pretexto.
Lo que vuelve inevitable la comparación es que el propio Ayuntamiento reconoce que mantiene alrededor de 600 millones de pesos detenidos para obra pública. Entonces la pregunta es ¿qué esperan para ejercer esos recursos? La ciudad no necesita que permanezcan guardados mientras las calles colapsan con cada tormenta. Necesita colectores, drenajes rehabilitados, desazolves permanentes y vialidades capaces de resistir la temporada de lluvias.
Resulta contradictorio escuchar que “no hay dinero” cuando existen recursos sin aplicarse y una ciudad que exige atención inmediata. Cada inundación, cada socavón y cada vialidad destruida terminan debilitando un discurso que ya no convence a quienes viven las consecuencias.
Los potosinos no califican a un gobierno por sus conferencias, sino por lo que encuentran al salir de casa. Las obras útiles no esperan tiempos políticos ni campañas; responden a necesidades reales. Porque, al final, el refrán sigue teniendo razón, el que quiere hacer las cosas encuentra la manera; el que no, encuentra el pretexto.















