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Staff / El Mañana
El alcalde Ramón Martínez Avitud realiza poca obra municipal, pero ya creó una oficina de
“Asuntos Religiosos”, ignorando el carácter laico que debe tener su gobierno y encendiendo
alertas sobre el uso partidista.
El ayuntamiento de Huehuetlán ha añadido un nuevo capítulo a su largo historial de
ocurrencias administrativas durante el presente trienio, con la toma de protesta de Tito
Hernández Sánchez como titular de la recién creada Oficina de Asuntos Religiosos.
La medida despierta profundas dudas sobre la justificación presupuestal y de gobernanza
detrás de esta decisión. Mientras la ciudadanía reclama la conclusión de obras, como el
polémico caso de los trabajos inconclusos en Huichihuayán, la administración opta por
destinar recursos públicos a la creación de una oficina cuyo impacto es cuestionable.
Además, el trasfondo de esta acción roza la ilegalidad al avivar sospechas sobre el uso de
la fe. A pocos meses de que inicie el próximo proceso electoral, la fusión de estructuras con
agendas confesionales resulta alarmante, vulnerando el principio histórico de separación
entre los asuntos públicos y las creencias privadas.
Históricamente, las organizaciones religiosas operan desde su propia autonomía y esfera
espiritual, ajenas al proselitismo partidista. Que hoy el ayuntamiento intente articular un
puente entre el grupo en el poder y los credos parece más una estrategia desesperada por
ganar simpatías.


















