AGENCIA REFORMA
PARÍS.- Ayer, en un golpe fugaz al museo más visitado del mundo, el Louvre, un grupo de ladrones estacionó una plataforma elevadora que les permitió desde la fachada que da al Río Sena alcanzar una ventana superior, forzarla, ingresar a la Galería de Apolo, romper un par de vitrinas y, en cosa de 4 minutos, huir a bordo de motocicletas con un botín de joyas napoleónicas de “valor incalculable”.
Sucedió a plena luz el día, hacia las 9:30 horas, aproximadamente 30 minutos después de haber abierto el recinto, cuando ya circulaban visitantes por sus salas.
Se trata ya de uno de los robos de museo de mayor perfil en la memoria reciente y se ha producido mientras los empleados del Louvre han expresado quejas sobre el hacinamiento y la falta de personal de seguridad.
Todo sucedió a sólo 250 metros de la Mona Lisa, según informó la Ministra de Cultura de Francia, Rachida Dati.
Uno de los objetos extraídos, la corona imperial adornada con esmeraldas de la esposa de Napoleón III, la Emperatriz Eugenia, con mil 300 diamantes, fue encontrado más tarde fuera del museo; habría resbalado de las manos de los ladrones durante la huída. Fue recuperada, aunque con daños.
No tuvieron la misma suerte una diadema de zafiros, un collar y un pendiente vinculado a Marie-Amélie y Hortense, reinas francesas del siglo 19.
Tras los hechos, turistas confundidos fueron desalojados del recinto, mientras oficiales cerraban las calles cercanas al Sena.
La vulnerabilidad del museo fue tildada de extraordinaria.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, dijo que la sala asaltada contenía una colección de 23 objetos; ahí se exhiben los Diamantes de la Corona, incluyendo el Regente, el Sancy y el Hortensia.
En total, fueron extraídas ocho piezas, entre ellas también un collar y aretes de esmeraldas del conjunto a juego de la Emperatriz María Luisa, la segunda esposa de Napoleón Bonaparte, y un broche relicario, así como la diadema de Eugenia y su gran broche de corsage en forma de lazo, “un conjunto imperial del siglo 19 muy apreciado”.
“Es un robo importante”, dijo Nuñez, asegurando, a pesar del escándalo, que las medidas de seguridad en el Louvre se habían reforzado en los últimos años, y que se reforzarían aún más como parte de un plan de renovación del recinto anunciado recientemente por el Presidente Emmanuel Macron, tras las diversas denuncias por condiciones insuficientes de operación.
Toda medida por venir ya fue considerada por los críticos como tardía.
Las condiciones desfavorables por las que atraviesa el Louvre tienen que ver también con la saturación de visitantes y falta de personal.
En junio, el museo cerró puertas por una huelga del personal en protesta por el hacinamiento y la falta crónica de empleados. Los sindicatos dicen que el turismo masivo deja demasiados ojos en demasiadas salas y crea puntos de presión en zonas restringidas.
La seguridad en torno a las obras más destacadas del recinto, no obstante, sigue siendo estricta. La Mona Lisa, por ejemplo, está protegida por un cristal antibalas en una vitrina a medida y con control climático, pero el robo de ayer revela la desprotección de otras áreas que resguardan 33 mil objetos.
Los sucesos han sido tomados como una “vergüenza” para un museo ya bajo escrutinio.
“¿Cómo pueden subir en un elevador hasta una ventana y llevarse joyas a pleno día?”, criticó Magali Cunel, una profesora francesa Lyon.
“Es simplemente increíble que un museo tan famoso pueda tener brechas de seguridad tan obvias”.
El museo tiene una larga historia de robos, e intentos. El más famoso fue en 1911, cuando la Mona Lisa desapareció de su marco, robada por Vincenzo Peruggia y recuperada 2 años después en Florencia.
Los nuevos sucesos no dejaron de saltar a la política.
El líder de extrema derecha Jordan Bardella lo utilizó para atacar al Presidente Macron. “El Louvre es un símbolo global de nuestra cultura”, señaló. “Este robo, que permitió a los ladrones robar joyas de la Corona Francesa, es una humillación insoportable para nuestro país. ¿Hasta dónde llegará la decadencia del Estado?”.
La crítica llega mientras el Mandatario promueve un plan de “Nuevo Renacimiento del Louvre” de una década, con una inversión de aproximadamente 700 millones de euros (cerca de 15 mil millones de pesos) para modernizar la infraestructura, aliviar el hacinamiento y dar a la Mona Lisa, la obra más visitada del recinto, una galería propia para 2031. Para los trabajadores en el piso, el alivio ha tardado en llegar más que la presión.
Por lo pronto, las investigaciones sobre el nuevo hurto, protagonizado quizá por cuatro personas, continúan, pero no se vislumbrar buenas noticias sobre el botín; la recuperación puede resultar difícil.
“Es poco probable que estas joyas se vuelvan a ver”, consideró Tobias Kormind, director gerente de la firma especializada 77 Diamonds. “Los equipos profesionales a menudo descomponen y vuelven a cortar piedras grandes y reconocibles para evadir la detección, borrando su procedencia”.
Con información de AP













