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NUTREN EXPOSICIÓN TESTIMONIOS DEL MAR

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Ciudad de México 3 septiembre 2026.- La escucha, plantea la artista visual antillana Minia Biabiany, no es una cosa dada, sino algo que se trabaja.

 “Y es muy interesante entender qué hace un cuerpo que escucha y cómo escucha, y por qué hay ciertas veces donde no es posible escuchar”, apunta en entrevista telefónica la también cineasta e investigadora sobre prácticas pedagógicas.

 Por medio de la escucha activa, Biabiany (Guadalupe, 1988) realizó una serie de entrevistas a connacionales guadalupeños acerca de su relación con el mar. Tales voces se presentan en la pieza principal de la exposición titulada, precisamente, Nuestras escuchas, que se inaugura este sábado en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC).

 “Invité a personas cercanas que ya conocía desde hace mucho tiempo, que yo sabía que tenían una relación singular con el agua”, cuenta la joven creadora, quien llevó a cabo este trabajo gracias a la beca de producción Moving Image Commission, otorgada por la Fundación Han Nefkens en colaboración con el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) y The Bass Museum of Art de Miami, además del MUAC.

 “Estoy súper feliz porque es un proceso muy largo de 2 años que por fin puede compartirse”, agrega.

 Su indagación no es fortuita, sino motivada por el sentimiento generalizado de desconexión que aún tienen los guadalupeños hacia su tierra, un grupo de islas en el Caribe que oficialmente es un departamento de ultramar perteneciente a Francia.

 “Hay una gran distancia; por la educación francesa, las personas no están tan conectadas con su territorio”, explica Biabiany, quien volvió a Guadalupe -región históricamente marcada por el comercio transatlántico de esclavos, la explotación ecológica y la eliminación lingüística- luego de pasar algunos años viviendo y trabajando en Ciudad de México.

 Esa distancia se aprecia no sólo en que no hay una devoción al agua, como sí ocurre en otras culturas con una geografía semejante, sino en el hecho de que muchas personas ni siquiera saben nadar; “hay una especie de huella histórica que hace que no todo el mundo esté cómodo con el mar”, resalta la creadora, en cuyo trabajo el océano no es una mera presencia geográfica, sino un contenedor de trauma, resistencia y renovación.

 “El agua está ahí, y es un elemento que nos rodea, pero la relación que estamos construyendo con él sigue evolucionando”, prosigue.

 “Y eso ha sido una de las temáticas de la investigación colectiva: entender cuál es nuestra relación con ese elemento y por qué”.

 Así, la artista se aproximó a personajes como Nouma de Lacroix Cobral, agricultor, educador y músico; Murielle Biabiany, fitoquímica y profesora “que se sana con el agua”; Célia Poulot, que enseña artes del diseño, o la pequeña Chloé Cramer, de sólo 8 años y quien, a diferencia de muchos guadalupeños, adora nadar todo el tiempo.

 Una de las preguntas que la artista e investigadora les hizo, inspirada en su paso por el Colectivo de Prácticas Narrativas, en México, fue: ¿Qué diría el mar sobre la contaminación -principalmente por el amplio uso del plaguicida clordecona en las plantaciones- que está experimentando?

 “Las respuestas muchas veces estuvieron súper cargadas emocionalmente: mucho enojo, mucha impresión de no poder hacer nada frente a la contaminación. Pero era importante pasar por ahí también. Las emociones nos guiaron mucho en ese proceso”, apunta la artista visual.

 Entre lo que sus entrevistados le confiaron hay relatos de madres deseosas de dar a luz en el agua por “un sentir muy intuitivo de que iba a ser algo que les iba a permitir vivir esa experiencia de manera distinta”; cuestionamientos por la orientación de las viviendas en sentido contrario al mar, y algo tan delicado como la pérdida de un familiar por la creciente de un río.

 “Son muchos fragmentos de vida que nos fueron compartidos, regalados con mucha generosidad, y que poco a poco tejimos”, remarca Biabiany.

 Interesada en que su aproximación no resultara una práctica extractivista donde se aprovechara de las experiencias y creencias ajenas sin reciprocidad, la artista decidió que el proyecto se llevara a cabo poniéndolo al servicio de los participantes.

 De ese modo, la beca de producción -dotada con 100 mil dólares- sirvió también para financiar una residencia de escritura o un acercamiento con la vida marina de la región, en especial con los cachalotes, que terminaron influyendo creativamente en el proyecto; “hicimos ese juego de poner un ritmo a las imágenes, o sea, tejerlas entre ellas a partir del lenguaje de las cachalotas”, detalla Biabiany.

 “Nouma experimentó con relaciones entre los sonidos del tambor ka, (instrumento tradicional) que es muy importante en Guadalupe, muy vinculado con la resistencia y con la identidad actual que se está construyendo, y los codas de las cachalotas. Fue muy hermoso ese encuentro”, destaca la artista.

 El resultado de este trabajo, un video de 36 minutos, se presenta en la Sala 3 del MUAC junto con una instalación que acentúa el influjo marino, y un video complementario sobre la “posibilidad de entender nuevas conexiones al narrar otra vez eventos que pensábamos conocer”, a decir de la creadora antillana.

 Con la atención puesta en el territorio como un acto político frente al colonialismo persistente en Guadalupe, Biabiany observa también una posibilidad de autoconocimiento a través de dicha práctica, como un vaivén que va del espacio que se habita hacia la persona y viceversa.

 Además, claro, del poder de detenerse a escuchar y establecer vínculos, en un mundo cada vez más desconectado entre sí.

 “Eso es muy valioso () Tomarse el tiempo no es algo vacío, sino que es algo que permite que crezcan las ideas, las relaciones, las sensaciones. Como que hay algo que se genera con tomar ese tiempo.

 “Esos dos años, en ese sentido, fueron un regalo porque pudimos decidir tomar ese tiempo”, insiste. “Siento que se me está abriendo una exploración conmigo misma estando en ese elemento (el agua), que la conexión que tengo con el mar me abre un espacio interior. Esto es extremadamente íntimo”.

 Biabiany acompañará la inauguración de Nuestras escuchas con una charla este sábado al mediodía en el recinto ubicado en el Centro Cultural Universitario (CCU) de la UNAM.

La muestra se presenta en el marco de la Gran Fiesta Franco-Mexicana, que celebra el bicentenario de las relaciones diplomáticas entre Francia y México.

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