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Monterrey, NL 7 septiembre 2026.- El 15 de diciembre de 1777, el Papa Pío VI emitió la bula Relata Semper, creando el Obispado de Linares con jurisdicción sobre Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila, Texas y sectores de la Huasteca.
Tras la muerte prematura del primer Obispo sin pisar su sede, Fray Rafael José Verger y Suau asumió el cargo y arribó a Monterrey en 1783. Argumentando el clima extremo de Linares y los belicosos indígenas de la zona, decidió radicar en Monterrey, impulsando una intensa actividad constructiva y un ambicioso proyecto de reorganización urbana y abastecimiento de agua.
En la cima de la Loma de Chepe Vera, Verger inició la edificación del Palacio de Nuestra Señora de Guadalupe como casa de descanso para “aliviar los calores del verano”.
Al enfermar gravemente, dictó su testamento el 4 de julio de 1790 y falleció al día siguiente, dejando inconcluso el recinto que los regios bautizaron como “El Obispado”.
Construido en sillar de caliche finamente labrado, el edificio destaca por su fachada barroca de columnas estípites, mientras que la cúpula, los corredores y arcadas que hoy completan la fachada corresponden a intervenciones posteriores.
Su posición elevada y la solidez de la construcción convirtieron al Palacio en una estratégica fortaleza militar usada durante la invasión estadounidense de 1846, la intervención francesa, las guerras internas del siglo 19 y las batallas de la Revolución Mexicana.
El edificio atravesó épocas de abandono, funcionando como lazareto durante epidemias y hasta como centro nocturno a fines de los 20 y en los 30. Tras varias etapas de restauración iniciadas en los 40, el inmueble abrió sus puertas en 1956 como Museo Regional de Nuevo León.
Hoy permanece a los pies del Obispado el histórico Puente del Obispo y la huella de la primera acequia de la ciudad. Cada vez que alzamos la vista hacia la Loma de Chepe Vera, El Obispado nos recuerda el vigoroso arranque de la acelerada urbanización regia.














