San Luis Potosí, S.L.P.- Las calles huelen a copal y la tierra se cubre de cempasúchil: así comenzó en San Luis Potosí la Fiesta de Día de Muertos, una de las tradiciones más queridas y profundas del país.
El arranque oficial llegó con la celebración de San Miguel Arcángel, patrón de múltiples comunidades, donde la gente se reúne entre rezos, música y colores para rendir homenaje al guardián que, según la creencia popular, abre las puertas del cielo para que las ánimas bajen a visitar a sus seres queridos.
En muchos pueblos, el 29 de septiembre no solo honra a San Miguel, sino también a los arcángeles Gabriel y Rafael, una fecha en la que el aire se llena de energía espiritual y las familias comienzan a levantar sus primeras ofrendas con pan, velas, flores y retratos que mantienen viva la memoria.
La tradición, que combina raíces indígenas y católicas, no solo celebra la vida y la muerte, sino también el sentido comunitario: el recuerdo de quienes partieron, la unión familiar y la resistencia cultural ante el olvido.
En barrios y comunidades del Altiplano potosino ya se siente el movimiento: las ofrendas florecen, los altares se levantan, y las ánimas —según la fe popular— comienzan su regreso a casa
















